Diario de Noticias
Llegó la más que descontada investidura de la presidenta de Extremadura, María Guardiola. La líder autonómica del PP negó a Abascal más de tres veces, cada vez con menor convicción, y ha acabado rendida a la fe de mantener el poder, dogma para el que cualquier sacrificio es poco. El PP de Rajoy era corrupto, según los tribunales, y el de Núñez-Feijóo es marxista: como Groucho, siempre tendrá principios a los que renunciar. Ayer se consumó la carencia ética del proceso negociador autonómico, que se extenderá a Aragón, a Castilla y León y, si hace falta, a Andalucía.
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