COPE
En el marco del Día del Libro, la lectura cobra una especial relevancia para las personas con discapacidad visual. Lía Beel, promotora de braille en la ONCE, explica la importancia de este sistema de lectoescritura, cuya pronunciación correcta en español es "braille", tal como se escribe. Su labor consiste en enseñar este sistema a personas ciegas adultas y en promover su conocimiento en la sociedad a través de cursos y actividades. El sistema braille tiene su origen en una idea del capitán del ejército francés Charles Barbier, pero fue Louis Braille quien lo perfeccionó para que las personas ciegas pudieran leer. Vil destaca que el sistema que se mantiene hasta hoy es el mismo que desarrolló su inventor hace ya más de 200 años. La creación de un libro en braille se conoce como transcripción. El proceso comienza con la adaptación digital del texto, donde se marcan los elementos del formato. Posteriormente, el texto se imprime en impresoras especiales que utilizan rollos de papel continuo. "El braille se puede imprimir por las dos caras", aclara Beel. Finalmente, el papel se corta y se encuaderna de forma manual. La transcripción es siempre fiel al original para garantizar el acceso a la misma información. Sin embargo, el formato tiene una particularidad: ocupa mucho más espacio que la tinta. Como ejemplo, Beel señala que un libro tan pequeño como "El Principito" se convierte en un único volumen "bastante gordo" en su versión braille. En los últimos años, el acceso a la lectura para personas con discapacidad visual ha mejorado exponencialmente gracias a la tecnología. La ONCE realiza un gran trabajo adaptando libros tanto al sistema braille como al formato de audiolibro. Este "doble sistema de lectura" ha provocado un gran aumento en el número de lectores, aunque Beel reconoce que, como en la lectura convencional, hay preferencias: "Hay ciegos que le sigue encantando el papel pero hay muchísima gente que que se ha pasado al audiolibro". Más allá del trabajo de la ONCE, cada vez más editoriales y aplicaciones introducen libros en audio, lo que supone una gran ayuda. Sin embargo, el objetivo final es la accesibilidad universal. "Queremos ser autónomos, independientes y poder acceder a todos los servicios de la vida diaria, pues, de una manera autónoma", subraya Beel, refiriéndose no solo a la cultura, sino a todos los ámbitos, desde las páginas web hasta el derecho al voto accesible. Aprender a leer braille en la edad adulta es un proceso que requiere tiempo y dedicación. Según Beel, se considera que una persona tarda aproximadamente un año en aprender, a lo que hay que sumar el tiempo de perfeccionamiento para ganar velocidad y comprensión. "Aprender las letras es algo muy sencillo", afirma, pero el verdadero desafío es "hacer un desarrollo muy grande de la sensibilidad" en los dedos y acostumbrar al cerebro a procesar la información que llega a través de las manos.
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