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En la semana del Gran Premio de España de motociclismo en el circuito de Jerez, un nombre resuena con fuerza en Cádiz: Motos Payán. Lo que hoy es un concesionario exclusivo de Yamaha y un referente en el sector, comenzó hace ya 60 años como un modesto taller fundado por Enrique Payán. Al frente del negocio se encuentra ahora su hijo, Kike Payán, quien mantiene viva la llama de una pasión que ha marcado a generaciones de moteros en la provincia. La historia de Motos Payán arranca en un pequeño taller en la calle Conde O'Reilly, aunque la afición de Enrique Payán venía de antes, de cuando desmontaba y montaba motos en la calle Santiago. "Allí había un taller pequeñito", recuerda su hijo Kike. De aquella época de las Bultaco, Ducati y DKV, la familia conserva una joya: "Tenemos la primera Bultaco que se hizo, la talla 101, en nuestro museo". El fundador era, según su hijo, "incansable, te reventaba". Un legado que continuaron sus hijos, Lolo, que entró con 12 años, y Kike, con 17. "Como buen padre, lo que quiere es que estudies, y yo en vez de estudiar, me llevaba la moto de carrera al instituto y de allí me iba a entrenar", confiesa Kike. Finalmente, su camino se unió al del negocio familiar, que fue creciendo desde la calle Muñoz Arenilla hasta su actual y espectacular sede en la calle Jimena de la Frontera. La relación con Yamaha ha sido una constante. Empezaron como servicio oficial y, tras 35 años como concesionario exclusivo, la marca japonesa es parte de su ADN. "Lo llevamos en la sangre, es la marca que siempre nos ha gustado", afirma Payán. Hoy, con 18 empleados, son un referente para Yamaha en toda España, un estatus que han logrado gracias a una dedicación absoluta y a unas instalaciones pensadas para el cliente, que puede ver "qué es lo que le están haciendo a la moto" a través de cristales. La exclusividad con la marca es una decisión firme: "Somos exclusivos, es decir, no queremos otra marca". Esta fidelidad se ha traducido en un éxito que les ha consolidado en la provincia. Kike Payán resume este sentimiento de pertenencia de forma contundente: "Es nuestra vida, es nuestra marca, es nuestra pasión, es todo". El Gran Premio de España en Jerez es la semana más importante del año. El evento, que el año pasado congregó a 224.420 espectadores (un 19% más que el año anterior), tiene un impacto enorme en toda la provincia. "Los bares están llenos, los hoteles exactamente igual en todos los puntos, ya sea en Cádiz, Sanlúcar, Chipiona o Arcos, está todo lleno", explica Kike. El circuito de Jerez es considerado "la catedral del mundo de las dos ruedas". Durante las semanas previas, el taller de Motos Payán vive un gran ajetreo. Muchos aficionados acuden para "hacerle la revisión, cambiar gomas, ponerla a punto", ya que la gran mayoría se desplaza en moto al circuito. "Si no, es imposible, es que no llegas", asegura. La afición, tanto en el circuito como en las ciudades, "es una pasada". En Cádiz, la moto se ha impuesto como medio de transporte por necesidad y por el clima favorable. "Es que no tenemos más remedio por la circunstancia que tenemos aquí", comenta Payán. Este uso diario convive con la pasión por modelos más deportivos o de turismo, como la Yamaha Tracer 9, una turismo por excelencia, o la R7, una de las motos más vendidas en España y Europa por su ligereza y comodidad. El futuro de Motos Payán parece asegurado. Kike Payán, siguiendo el ejemplo de su padre, que "falleció yendo para la tienda", no tiene intención de retirarse. Su objetivo es que el legado continúe y crezca. "No voy a dejar que que esto pare, al revés, que siga, y si puede ser más más grande, mejor", sentencia con convicción. Una declaración que garantiza larga vida a la pasión por las dos ruedas en Cádiz.
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