La Opinión de Málaga
A todo español atrapado en el desagradable trance de declarar como testigo o acusado en un juicio penal le asiste el derecho al asombro, ante la manera solvente y desprejuiciada en que Mariano Rajoy y María Dolores de Cospedal torearon y por tanto torpedearon a la Audiencia Nacional. En su comparecencia no solo testimonial, sino con el rango de casi imputados, desplegaron tal autoconfianza que el marciano Gurb hubiera decretado que seguían en el Gobierno. Y con mayoría absoluta.
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