La Jornada
A dos décadas de la represión cruel y violenta en Lázaro Cárdenas, Michoacán, el pasado 20 de abril miles de mineras y mineros nos reunimos para recordar este hecho en el que la memoria sigue siendo un territorio vivo, un espacio donde la dignidad de los trabajadores se recuerda y se reafirma como un principio irrenunciable. La negra mañana de aquel jueves de 2006 fue más que un episodio de violencia: fue un intento deliberado de quebrar la voluntad y la libertad de todo un sindicato por aplastar la democracia interna y por imponer, mediante la fuerza, un modelo de simulación y subordinación obrera. No lo lograron. Hoy, esa derrota del autoritarismo se expresa fuerte y claro en cada paso firme que da el sindicalismo minero verdaderamente unido y organizado.
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