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Vivimos en una época donde encajar parece una obligación. Las redes sociales, los filtros y los estándares imposibles de éxito bombardean con vidas aparentemente perfectas que no son reales. Esta presión genera una duda universal: ¿soy suficiente tal y como soy? Javier Quintero, jefe de servicio de Psiquiatría y Salud Mental del Hospital Universitario Infanta Leonor, analiza en 'La Tarde' qué es la autoestima y cómo nos condiciona. Preguntado por esta cuestión, Javier Quintero simplifica el concepto de una forma muy gráfica: “qué tal te caes”. El especialista explica que la autoestima se compone de tres partes diferenciadas: la cognitiva, que es “la idea de lo que yo pienso de mí mismo”; la emocional, que se refiere a “cómo yo me siento conmigo mismo”; y la conductual, que tiene que ver con “cómo yo me trato a mí mismo”. Según el psiquiatra, la autoestima empieza a formarse en la infancia, que sería “como el primer borrador de un texto que estamos editando cada día”. Aunque esta etapa es muy importante, Quintero aclara que no es determinante, ya que una autoestima compleja en la niñez se puede resolver en la vida adulta. Durante los primeros años se forma el autoconcepto, que depende del feedback del entorno. Por ello, advierte del peligro de mentir o exagerar las virtudes de un niño, la llamada “autoestima de la abuela”, porque cuando el niño se da cuenta de que no es “el más alto, el más guapo y el más listo”, su autoconcepto se debilita. Uno de los factores que más afectan a la autoestima, especialmente en los jóvenes, son las redes sociales. Quintero señala que en la adolescencia, la construcción del autoconcepto depende mucho de la comparación. “Te comparabas con tu instituto y ahora te comparas con el universo, y además un universo editado”, afirma. El adolescente ve vidas perfectas en las redes que, al compararlas con la suya, le parece “significativamente más penosa”, lo que puede afectar negativamente a su autoestima. A esto se suma la necesidad de validación. Antes, esta validación provenía de un pequeño grupo de amigos, pero hoy depende de los seguidores. “Si yo dependo y pongo mi autoestima en manos de otro, eso es un riesgo terrible”, sentencia el experto. Este refuerzo inmediato, a través de los ‘likes’, funciona como una “microdosis de dopamina” que genera una dependencia externa y construye una autoestima muy frágil “que a la primera de cambio se va a caer como un castillo de naipes”. Para detectar que un niño o adolescente tiene la autoestima dañada, Quintero apunta a señales como “el discurso que tiene consigo mismo” y la “necesidad de validación constante”. También es una señal de alerta cuando una persona cede su propia identidad para poder encajar en un grupo. En los adultos, la dinámica es similar: personas que no confían en sí mismas, que no se atreven a tomar decisiones o que son fácilmente influenciables por la opinión de la mayoría, una grieta que aprovechan el marketing y la política. Para trabajar la baja autoestima en niños, el psiquiatra recomienda enseñarles a aprender del error, validar el proceso y no solo el resultado, y criticar la acción, no a la persona. En cuanto a los adultos, la clave es el diálogo interior. Quintero ofrece un consejo práctico y directo para mejorarlo: “Háblate como hablarías a alguien que realmente quieres, a tu mejor amiga, a un hermano. Pues háblate así, no te hables mejor, simplemente así”. Otra herramienta útil que propone el especialista es llevar un “diario de gratitud”. Consiste en ser consciente de las cosas que se hacen bien a lo largo del día. “Lo que hacemos mal nos lo reprochamos mucho, pero a veces nos tenemos que dar esa palmadita en la espalda con lo que hacemos bien”, concluye Quintero, destacando esta estrategia como una forma fácil y asequible de reconstruir la autoestima.
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