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Finaliza este domingo la primavera de clásicas y monumentos con la Lieja-Bastoña-Lieja y el excitante duelo entre Pogacar, Evenepoel y Seixas. Y queda claro que a los españoles les seduce el asfalto liso, sin rugosidades, y no tanto los adoquines. Hace 130 años de la primera incursión del ciclismo en los senderos de adoquines de la París-Roubaix. El vencedor que estrenó el palmarés, un alemán llamado Josef Fisher, aventajó en 25 minutos al segundo, Charles Mayer, y 28 minutos al tercero, Maurice Garin, el francés que posteriormente (1903) fue el primer ganador del Tour de Francia. Ha habido 123 ediciones de la mítica carrera y ha sucedido de todo. La idea de sus creadores, unos empresarios textiles que querían competir contra la Burdeos-París y sus extenuantes 600 kilómetros. El apodo de 'Infierno del Norte', según describieron los cronistas en 1919 después de la I Guerra Mundial, cráteres de bombas, lodo negro, destrucción total. Y más. Las veces que los trenes y los pasos a nivel separaron al pelotón en varios fragmentos. El robo del pedrusco de granito en 1976 al ganador, Marc Demeyer... Siempre ha pasado algo en Roubaix, pero nunca la victoria de un ciclista español. Circunstancia que quedó ratificada en la última edición, con el triunfo de Van Aert ante Pogacar . Solo dos corredores españoles han logrado subir al podio en el icónico velódromo de Roubaix. Juan Antonio Flecha (48 años) es el que ha estado más cerca del mítico premio del adoquín sobre la peana de mármol. Fue segundo en 2007 y tercero en 2005 y 2010. Desde su condición de pionero ya que se especializó en esprints y carreras un día al estilo de Óscar Freire, el mallorquín Miguel Poblet también despuntó en los adoquines del norte de Francia, segundo en 1958 y tercero en 1960. Las grandes vueltas han sido culturalmente el escenario de expresión de los corredores ibéricos, el Tour, la Vuelta, el Giro. Pero en el resto de 'monumentos' en las clásicas siempre hubo españoles triunfadores: Freire tiene tres Milán-San Remo, Alejandro Valverde cuatro Lieja-Bastoña-Lieja, 'Purito' Rodríguez dos Giros de Lombardía, Poblet dos San Remo, Luis Ocaña una Lieja, Samuel Sánchez un Lombardía... El Tour de Flandes, más adoquines, tampoco ha sido terreno de conquista. ¿Por qué ese vacío de ningún español ganando en Roubaix? «No sé la respuesta -contesta a ABC Juan Antonio Flecha-. En mi caso porque me inspiró el espíritu de aventura que tiene la carrera. Te tiene que gustar mucho lo que allí pasa, el riesgo, las injusticias, las averías, las caídas. Me pareció todo fantástico la primera vez que la disputé». «Es una cuestión cultural -analiza Igor González de Galdeano, que fue líder del Tour y hoy ejerce como coach y conferenciante-. En España siempre han gustado las grandes vueltas, desde Bahamontes, Loroño, Perico, Induráin... En 2000 las clásicas del World Tour eran obligatorias para los equipos, pero mientras los equipos belgas, franceses o italianos preparaban Roubaix con mucho tiempo, una o dos semanas antes, a nosotros nos decían cuidado con las caídas, sin jugártela, que luego viene el Tour, o la Vuelta o el Giro». Flecha discrepa en esa visión. «¿Es una cuestión cultural o generacional? Yo crecí en España. A mí me atrajo lo que los equipos no querían. Recuerdo en las presentaciones de Banesto en 2002 o 2003. Cuando Perico me preguntaba a mí, casi se lo tomaba a burla todo el mundo porque yo tenía muy claro que quería correr en Roubaix y para el auditorio aquello sonaba a extraterrestre». «Hay un hecho objetivo deportivo - explica Manolo Saiz, exdirector de la Once-. Después de la Roubaix siempre venía la Vuelta a España hasta 1995, cuando cambió de fecha a septiembre. Los equipos españoles no podían plantearse disputar la París-Roubaix antes de la Vuelta». Juan Antonio Flecha pronto comprendió los secretos de Roubaix. «La media en cada edición son dos averías y una caída. Es el pensamiento realista y positivo que debes tener presente. Es la probabilidad de todos los ciclistas. Aquí no puedes tirar la toalla, porque no solo te van a pasar cosas a ti. También le pasarán a los demás. Debes ser muy resolutivo». La carrera es maldita para los españoles por muchos detalles. Igor Galdeano cuenta uno. «Los auxiliares de los equipos belgas habían llegado una semana antes y ya sabían donde ponerse en el recorrido para dar avituallamiento, ofrecer ruedas y ayudar al ciclista. Nosotros llegábamos el día antes y nos repartíamos donde se paraba el coche». Manolo Saiz profundiza: «Los belgas, los franceses, los holandeses se educan en carreras sobre pavés. Es una cuestión de educación y enseñanza. Si un juvenil español no corre sobre el adoquín, sentirá miedo al adoquín. Luego son tendencias y culturas diferentes. No podemos sentirnos culpables porque no haya habido un ciclista español ganador en Roubaix». Flecha defiende su esencia como un amigo más de Roubaix. «¿Es una cuestión cultural o es la gestión de esa cultura? Yo no me dejé influir por esa cultura. A veces me decían venga va, retírate, y yo les decía, pero dejar que acabe la carrera. No iba a cumplir el expediente, iba a disfrutarla». Manolo Saiz apuesta por Héctor Álvarez como el español más capacitado para ganar un día el 'Infierno del Norte'. Aunque a Igor Galdeano le seduce más el nombre que circula de boca en boca. «Podría ser Iván Romeo. Tiene la altura, el peso, la clase y el motor para intentarlo. Creo que le van muy bien este tipo de carreras. Pero no sé si en Movistar le van a preparar para ello, porque veo que ya le han comparado en algún detalle con Induráin...».
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