Faro de Vigo
Alain Guiraude lleva desde el martes en la ciudad. Le inquieta no ver muchos quiscos abiertos. Ayer salió sin nada más que una chaqueta de su hotel y caminó por los jardines de Elduayen para hablar con este diario. Efectivamente no había quiscos cerca. Es una persona aparentemente despojada, igual que su obra, a la que no le gusta que carguen con etiquetas. Provoca, pero no se considera un agitador. De todas formas su conversación y su cine no pierden profundidad: él hace sus películas buscando el punto medio entre la realidad y el sueño, como decía Truffaut.
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