ABC
Da la impresión de que, en estos tiempos de velocidad festiva, en el toreo lo que importa es danzar, que el toro vaya y venga, aunque poco importe el cómo vaya y el por dónde venga, y que el torero simplemente sea capaz de ofrecer la muleta para ese vaivén de peonza díscola y feriante, e igualmente sin importar en demasía si está en el sitio de torear. Es la sensación que me queda al ver abrir Puertas del Príncipe... sin torear. Vaya, ¿y eso de torear qué es? ¿Acaso aquí ha leído alguien aquel '¿Qué es torear? Introducción a la tauromaquia de Joselito', de Gregorio Corrochano o 'La Tauromaquia de Pepe-Hillo'? Bueno hombre, no nos pongamos exigentes, que eso de torear es para los que no llenan ni un autobús, aquí lo que importa es que el toro vaya y venga y que el torero tenga la virtud, eso sí, de ligar pases, muchos pases, cuantos más mejor, setenta u ochenta mínimo. Y si el toro va y viene pues ya está la fiesta montada, que hay que irse para la feria y tomarse unos rebujitos con los señoritos y contarles, claro, que hemos asistido a una corrida histórica, porque ya se sabe, queda muy bien eso de llamar histórico a todo, aun a sabiendas de lo falaz de la alegoría, lo suyo es alardear de que han visto a un torero salir por la Puerta del Príncipe. ¿Y los toros de El Parralejo cómo salieron? Pues fueron encastados, con clase y bravura, y realmente, dicen cuatro cabales que se fueron al arrastre sin torear, pero ésos no nos importan, ¡qué sabrán ésos, antiguallas melancólicas que sólo dictan un tiempo pasado que no volverá! Aquí lo que importa no es lo que pasó sino lo que nosotros digamos que pasó, y contra más énfasis pongamos en nuestra arenga mayor será el grado de convicción. Que el toro vaya y venga, y que el torero dé muchos pases, repito, que lo demás son manías de los puristas. La danza en aras de la armonía, la Fiesta de Hemingway, que no el rito sagrado.
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