Cope Zaragoza
Martín Altés es la prueba de que hay cantera de escritores. A sus 26 años, este joven ovetense ya ha publicado tres novelas y se ha convertido en un ejemplo de la nueva generación de autores que, con motivo del Día del Libro, demuestran que la pasión por escribir sigue muy viva. Su última obra, Letal, es la segunda entrega de una trilogía de 'thrillers' que vio la luz en Navidad y cuya venta avanza "goteo a goteo". La trilogía está ambientada en Oviedo. Una elección que para Altés es natural y práctica. "Al moverme por el lugar en el que vivo, por mi ciudad, tengo la composición del espacio en la cabeza y me resulta más fácil mover a los personajes", explica en COPE. El autor considera que la suya es una "ciudad muy literaria" que ofrece "grandes posibilidades narrativas". Un escenario que, en sus palabras, es "ideal para cometer un asesinato, dos, o los que hagan falta", una idea que en su día ya deslizó el cineasta Woody Allen. Para Martín Altés, la inspiración nace de la observación y la experiencia. "Ser novelista es ser un observador de la vida", afirma con rotundidad. El autor defiende que, antes de crear, es imprescindible una labor previa de lectura y análisis del entorno. Parte de su material proviene de sus propias vivencias y de sus amigos, que le ofrecen un "material de primera calidad" durante sus "pequeñas escaramuzas nocturnas", aunque debe ser cuidadoso para no desvelar "algo con sentido de delito". Su vocación literaria tiene raíces familiares. Proviene de una "familia de periodistas" y considera que la "gran biblioteca" que hay en su casa es "una de las mejores herencias". Aunque siempre le gustó leer, empezó escribiendo relatos que no quería publicar, hasta que se decidió a crear su primera novela negra, que fue autopublicada. "Le cogí el gusto y dije: vamos a seguir, a ver cómo nos va", recuerda sobre sus inicios. Sin embargo, el camino no ha sido fácil. El joven ovetense subraya que "publicar es difícil" cuando se empieza, ya que cuesta que "una editorial se fije en ti, que apueste por ti y, sobre todo, que te lleve de la mano". Describe la escritura como un "camino muy solitario" y reconoce que, tras varios rechazos y tocar a muchas puertas, finalmente encontró a su editorial actual, Letra r, con la que se siente "muy contento por el buen trabajo" de su equipo. En ese proceso, el apoyo familiar ha sido un pilar fundamental. "Nunca me han cortado las alas, siempre me han apoyado en mi familia, sobre todo mi madre", asegura el escritor. A pesar de la broma inicial ("Ay, hijo mío, qué disgusto"), Altés agradece que nunca le hayan puesto "palos en las ruedas" en ninguna de las "empresas" en las que se ha embarcado, incluyendo su carrera literaria, y también la jurídica, ya que es abogado de formación. Martín Altés se muestra especialmente crítico con las corrientes actuales. "La doctrina de lo políticamente correcto es un cáncer absoluto de la sociedad", sentencia. Defiende firmemente la libertad del creador y advierte: "El día que yo escriba las novelas que quiera una editorial o que quiera la gente, me retiraré". Para él, la capacidad de reírse de uno mismo es "la mejor de las terapias" y cuestiona quién tiene la autoridad para decidir qué es ofensivo. El autor lamenta que su generación esté "condenadamente marcada" por esta tendencia, que considera un "atraso absoluto". "Ya no se pueden filmar películas, ya no se pueden escribir canciones, ya hay que mirar con lupa lo que publica el escritor de turno", critica. Altés reivindica la diversidad de opinión como algo positivo que fomenta el intercambio de ideas, en contraposición a los "discursos unificados".
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