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Timoner y Quiroga, fundadores de Oikos: «La izquierda ha matado la ecología. Ha generado un gran rechazo social» | Collector
Timoner y Quiroga, fundadores de Oikos: «La izquierda ha matado la ecología. Ha generado un gran rechazo social»
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Timoner y Quiroga, fundadores de Oikos: «La izquierda ha matado la ecología. Ha generado un gran rechazo social»

Frente a la apropiación de la izquierda, Toni Timoner y Luis Quiroga se han propuesto devolver el medio ambiente al terreno común del debate público. El economista y el financiero, ambos afincados en Londres, fundaron juntos en 2022 Oikos , un 'think tank' ambiental, y ahora publican 'El ecologista de derechas' (Ed. Deusto), en donde echan abajo los mantras que han dominado el discurso de los últimos años y añaden nuevas recetas frente al reto climático. Se puede obtener prosperidad económica sin generar calentamiento; las imágenes apocalípticas han sido contraproducentes y el ecologismo de derechas siempre ha existido, dicen. No es casualidad que el primer ministerio del ramo fuera creado en 1996 por José María Aznar. —¿El ecologista de derechas existe? —Toni Timoner (TT): Existe y pensamos que ha llegado el momento histórico para que sea el pensamiento dominante en el ecologismo, porque el péndulo ha empezado a moverse ya hacia un ecologismo más sensato y realista. —¿Y por qué parece que la derecha no se atreve a formular una política medioambiental clara y decidida? —Luis Quiroga (LQ): Es injusto decir que la derecha no ha hecho nada. Ha hecho cosas. Pero la narrativa no se lo reconoce, porque no ha estado con la narrativa. Hay también que diferenciar de qué derecha hablamos. Hay una derecha negacionista, que en España es testimonial. El negacionismo climático es algo que incluso en los votantes de Vox es minoritario. —¿Y esta reflexión que hacen ustedes se está haciendo en la política nacional? —LQ: Oikos es un 'think tank', no es un actor político. Dicho sea esto, la derecha moderada en España ha entendido que la transición energética es una oportunidad de prosperidad para el país y cuáles son algunas de las medidas que ayudan a conseguir ese objetivo. En un mundo sin combustibles fósiles, a España le toca la lotería. No tenemos ni petróleo ni gas, pero sí el mejor sol de Europa y un viento muy bueno. Eso quiere decir que la energía, con un sistema eléctrico con muchas renovables, va a ser más barata en España que en el norte de Alemania donde no hay sol. Como ejemplo de medidas que se han tomado, recientemente el Partido Popular propuso acabar con el impuesto de la electricidad, que hace que sea más cara que el gas y que es un poco raro porque la electricidad la producimos nosotros con nuestro sol y nuestro viento y el gas hay que comprárselo a Dios sabe qué país. —¿Se puede evitar el rechazo social a las políticas verdes mientras la izquierda siga integrando la crítica al capitalismo en su enfoque? —LQ: Lo primero que tiene que hacer la izquierda y el ecologismo de izquierda español es hacer una autocrítica. Porque defienden cosas que no tienen ningún sentido, como el decrecentismo. Y lo siguiente es reconocer ante el ciudadano que las políticas climáticas y medioambientales en Europa en los últimos años se han pasado tres pueblos. Hay que ser mucho más razonable. —TT: La izquierda ha matado la ecología porque se ha apropiado de ella. Mucha gente dentro de la izquierda han confesado que se han apropiado de ella como pretexto para políticas intervencionistas y una agenda progresista que nada tiene que ver con la ecología o la protección del medio ambiente. Al hacer eso han generado un rechazo social que tardaremos muchos años en revertir. —¿Y la izquierda tiene intención de eliminar el tema del decrecimiento de su discurso? —TT: La izquierda más radical sigue en sus trece y la izquierda moderada ha empezado a silenciar la crítica del decrecimiento porque ha entendido que el rechazo social es abrumador. El decrecimiento es religión, no es una convicción nacida de una observación o de una realidad económica. Los países más desarrollados y que mejor crecen dentro de economías de mercado son los que mejor protegen el medio ambiente. Los datos muestran que se han desacoplado las emisiones del crecimiento, es decir, se puede obtener prosperidad económica sin contaminar el planeta y sin generar cambio climático. Esto a la izquierda anticapitalista le resulta especialmente incómodo y niega la realidad. —¿Se pueden hacer políticas climáticas sin aumentar ni la carga fiscal ni el coste de la vida para la clase media? —LQ: Algunas cosas van a ser más caras y otras cosas van a ser más baratas. Si tienes una vivienda unifamiliar con calefacción de gasoil, o incluso de gas natural, te va a ser mucho más barato poner aerotermia en casa. Tienes que hacer una inversión inicial, pero el consumo va a ser mucho menor. Va a haber ahorros. Es cierto que va a haber cosas que van a subir de precio porque parte de esto implica la contaminación invisible, las emisiones de carbono, y poner un precio a ello. —Pero entiendo que no se puede olvidar a la sociedad en esta transición. —LQ: No se puede hacer una transición en contra de la sociedad, es imposible. De hecho es contraproducente, porque no lo consigues y además has cabreado al personal, con lo cual cualquier intento de hacer algo, aunque sea más modesto o gradual, va a ser mucho más difícil. —¿El capitalismo es parte del problema y parte de la solución? —LQ: El cambio climático existiría aunque fuésemos todos comunistas bolivarianos con la gorra. No es un problema de modelo económico, es un problema de tecnología con la que producimos energía. Hoy coges la economía entera y hasta dos tercios lo podemos descarbonizar con la tecnología actual en un país como España a un coste equivalente al que tenemos, incluso menor. El tercio que falta, que es cemento e industrias muy específicas, harían falta nuevas tecnologías. ¿Cómo se puede desarrollar esas nuevas tecnologías? Solamente con el mercado. —¿El mundo económico y financiero ha entendido los riesgos de la inacción climática mejor que el ciudadano medio y la clase política? —TT: El mundo económico financiero está muy por delante. Los grandes bancos, las grandes empresas, fondos de inversión… llevan ya décadas sabiendo lo que va a ocurrir. En primer lugar vamos a hacer una transición energética global donde va a haber oportunidades económicas. Todo el dinero del capitalismo está buscando esa oportunidad económica. También hay una inercia de emisiones, que se decidirán fundamentalmente en los países emergentes y sobre todo China e India, y esas emisiones llevan a un calentamiento global que va a estar más cerca de los 3 grados que los 2 grados. Todos los agentes económicos entienden que tienen que planificar contando con ese calentamiento global y están analizando cuáles son las consecuencias y los riesgos que entrañan. Se está empezando a aceptar que habrá que reaccionar y mejorar la adaptación y la resiliencia climática. El debate público, por ser a veces muy simplificado y sobre todo muy ideologizado y politizado, no entra en esos detalles que son relevantes porque ayudarían a que las políticas públicas estuvieran más encaminadas a una mejora de esa adaptación. —¿Qué opinan del pacto de Estado frente a la emergencia climática de Sánchez? —LQ: Oportunismo político. —TT: Fue un pacto en reacción a los incendios forestales del año pasado, pero también tras el desastre de la dana. Fue una reacción de pánico del Gobierno que, por primera vez, se dio cuenta de que la adaptación era realmente importante, porque antes simplemente estaba ausente de las políticas climáticas de izquierdas. El ecologismo de izquierdas sigue insistiendo en que no hay que hablar de adaptación y hay que hablar de mitigación, que es descarbonizar, pero nosotros pensamos que hay que ponderar el esfuerzo porque España no va a resolver el problema global del clima, pero sí que va a sufrir el problema global del clima. Fue una reacción de cara a la galería porque no dio lugar a ninguna política pública de adaptación. —¿Qué opinan de la postura de Vox sobre cambio climático? —LQ: Es un tema con matices. El votante de Vox es un votante residualmente negacionista (un 20% o menos). El resto es un votante bastante cabreado con todas las políticas radicales de izquierda, decrecentistas, que ven al ciudadano como un cajero automático. Pero también lo está el votante de otros partidos de derecha más moderados, como el PP. El liderazgo de Vox es algo más complicado. Vox no tiene una postura definida sobre transición energética y cambio climático. Sorprende porque si eres un partido patriota y quieres lo mejor para España, ¿qué vas a querer? Que la energía venga de España. Vas a querer dejar riqueza en todo el país, no solamente en las ciudades. Y si tenemos energía española que deja beneficios en el territorio y que además es barata, tenemos una oportunidad para reindustrializar el país y Vox en principio quiere eso, quiere una España fuerte y rica. Creo que tendrían que entender estas cosas y adaptar su discurso. —¿Son optimistas sobre nuestro futuro en cuanto al cambio climático? —TT: Somos optimistas, España además tiene unas condiciones extraordinarias para aprovechar la oportunidad económica. La cuestión es si las aprovechamos al 100%, al 90 o al 80. Hay un futuro próspero para España, pero siempre y cuando las políticas estén a la altura.

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