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'El sonido de la caída', una historia sobre traumas heredados y la fragilidad de la memoria | Collector
'El sonido de la caída', una historia sobre traumas heredados y la fragilidad de la memoria
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'El sonido de la caída', una historia sobre traumas heredados y la fragilidad de la memoria

Hablar de lo que se puede tocar, de lo invisible y al mismo tiempo real, es un acto heroico. Es poner palabras a lo innombrable, poner carne a lo efímero, es abrazar lo intocable. Es doloroso y al mismo tiempo iluminador. Y eso es precisamente lo que le movió a Mascha Schilinski a hacer 'El sonido de la caída', la película que recibió el Premio del Jurado en Cannes, compartido con 'Sirat'. En su caso, la idea era abordar la existencia de cuatro mujeres en distintos momentos del siglo XX de la Alemania rural, con sus luces, sombras, preguntas y certezas . Y todo en un mismo lugar, en la granja familiar. Un escenario que es precisamente el germen del proyecto. «Meditamos durante mucho tiempo sobre cómo se podía hacer una película sobre las cuestiones que nos marcan a lo largo del tiempo y que nos definen físicamente aspectos que no son tangibles, como la transmisión transgeneracional de traumas . Durante la pandemia visitamos una granja que estuvo abandonada durante décadas y llegamos a la idea de que esta sí que podría ser ese marco, esa vasija, ese contexto en el que podríamos enseñar todo esto relacionado con la simultaneidad», confiesa la directora a ABC. La adolescencia de Alma, Erika, Angelika y Lenka transcurre en la misma granja en el norte de Alemania. Son cuatro mujeres en épocas distintas, pero gestos que al mismo tiempo se repiten, como los baños en el río, las comidas, los. Es una historia en la que los fantasmas son mujeres que evocan su dolor, las faltas y al mismo tiempo los sinsentidos de vidas arrebatadas, de algún modo. A lo largo de sus vidas, se plasma la dificultad de ser mujer en la historia, de las humillaciones, del sentido de la vergüenza ante la violencia sexual, de heridas físicas y morales, de traumas, secretos y mentiras. Fue uno de los grandes retos en la dirección precisamente esta manera de revelar la violencia contra la mujer. «Fue un proceso intuitivo. Curiosamente no nos marcamos ninguna pauta ni reglas , pero pronto notamos que queríamos crear una película que aborda la memoria, el recordar en sí mismo, la imaginación, y donde tenemos un nexo los unos con los otros. Y lo que me llamó mucha la atención es que nosotros, como humanos, disponemos de la posibilidad, de esa imaginación, de asociar algo. Hay pequeños restos como cristales rotos que permanecen en nuestra mente y por ahí queremos acercarnos a través de los ojos de esas personas, pero tal cual como funciona la memoria, que no es fiable y puede cambiar, tiene lagunas y está fragmentada». Y así lo hacen con la película, no hay ninguna escena de violencia directa, solo se ven indicios y al mismo tiempo la sorpresa que se traslada a la mente del espectador y que es quien tiene que rellenar aquellas lagunas que están en esa caja negra, donde está todo aquello que tiene registrado y grabado en su memoria. En cada generación de mujeres que hay en la película, hay una joven alerta y curiosa, rodeada por la proximidad de la muerte. A veces es consciente de ello, a veces coquetea con ella, a veces no tiene idea del peligro que corre. La sensación de peligro siempre está presente. Y al mismo tiempo apenas hay palabras. Hay más preguntas que diálogos. Cada una está en su mundo interno. Caminan sonámbulas y traicionan a veces los pensamientos secretos que llevan consigo. «¿Cuánto tiempo puedes actuar feliz sin que nadie lo note?» , se pregunta una de ellas. «Nos interesamos por estos pequeños gestos que están connotados con tanta vergüenza que ni siquiera se confiesan en el hecho de la muerte, y para excluir que no se trasladen. Nos interesaron aquellas historias que se suelen asociar con traumas como las guerras porque se supone que tienen más aceptación, pero más aún todo aquello que quedó oculto, que fue con la ayuda de los personajes, casi como una alucinación. Intentamos incluir aquellas imágenes que ocultaban, esa sensación difusa de una molestia, de un miedo que no se puede asignar, o que no tiene una razón inmediata, y encontrar aquellos acuerdos que ya no podemos encontrar, que siempre quedan en la interrogación, y en nuestras investigaciones encontramos muchos fenómenos excepcionales», reconoce su directora. La película es una meditación sobre cómo los espacios de los vivos están impregnados de la presencia de los muertos. La granja es un lugar donde convive lo que ya no está pero que acompaña en las paredes, las estancias, las fotografías, los rincones. Es el territorio donde habita cielo y tierra casi a partes iguales . «Crecí en una casa antigua y pasé horas jugando ahí en los suelos de madera, y hubo un pensamiento recurrente de quién estuvo ya sentado aquí, y qué habrá pensado. Estos pensamientos siguen vivos y me impresiona mucho, el figurarme que ese objeto que tengo en la mano ya hubo otra persona que lo tuvo . Queríamos que hicieran cosas ordinarias como procrastinar, beber vino, hablar por teléfono, buscar en el móvil, en el preciso lugar donde la otra persona tuvo una vivencia crucial esencial para ella, y con el paso de todo aquello, vemos que todo eso está creado por el hombre, o sea, por las personas, y ahí reside, por un lado, algo estético, por otro lado, algo muy incitante», confiesa su directora. Todas estas mujeres han vivido cosas en la infancia que son incomprensibles, pero luego a la edad adulta como que adquiere su sentido y, al revés, historias que parecen que estaban cerradas, pero que de repente se vuelven a abrir. 'El sonido de la caída' pone de manifiesto la fragilidad de la memoria, que marca profundamente la experiencia de estas mujeres de un modo casi irreversible y que al mismo tiempo es tan vulnerable y cuestionable. « Somos presos de nuestros propios cuerpos y lo expresamos a través de los ojos, vemos todo por los filtros de nuestra herencia. Lo único fiable que tenemos de un recuerdo es la sensación de una situación o la percepción de aquello que percibimos de otras personas, que es lo único que acaba siendo real. Estas mujeres nos están hablando de su vida desde un cuerpo no físico y que están asociadas unas con otras. Es como si aquellas personas que vivieron en la granja vivieran estas vivencias todos a la vez y con esta melancolía y esta percepción de la fugacidad de la vida y coincidiendo todo en un lugar que ya tiene una historia de miles o millones de años», explica la directora. Schilinski reconoce que hay una nueva forma de hacer cine y de acercarse a otras generaciones. «Vivimos en una generación que está tan ilustrada, tan informada, que ha pasado por muchas terapias, que es muy consciente , que ha tratado y superado muchas cuestiones porque ya los padres también pasaron por terapias y todos han debatido y discutido sobre ello y que se están encontrando términos o palabras para fenómenos que en el pasado no la tenían . El mundo siempre fue complejo pero nosotros tenemos la sensación de que se está volviendo cada vez más complejo, y percibo que existe una necesidad de encontrar estos textos, estas relaciones más allá de nuestra biografía, de cómo hemos llegado a ser lo que somos...». De ahí que ahora haya una mirada diferente hacia nuestros padres. «Durante mucho tiempo hemos buscado marcar distancias de otras generaciones, yo no tengo nada que ver con mis padres, yo soy una persona distinta, y tengo la sensación de que hay muchas más opiniones, palabras de apreciación sobre los ancestros, los padres, y donde se ve que de cada generación hay alguien que ha buscado esta oportunidad de seguir creciendo , y en este sentido creo que de momento hay algo que también he visto que es un tema que se está poniendo más tratamiento».

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