ABC
En los años setenta del siglo pasado, el festival de Eurovisión (el que este año, por primera vez desde 1961, España no participará) era uno de los programas de televisión más vistos en España, y millones de telespectadores seguían con expectación las votaciones: «United Kingdom, twelve points; Royaume-Uni, douze points». Aunque lo que la mayoría de los españoles entendíamos entonces era: «Iunaited kindom, tuelf poins. Guayominí, dise pua ». Esta macarrónica expresión, Guayominí, es también el título de la obra de Laura Garmo que se estrena en la Nave 10 Matadero, bajo la dirección de Pablo Martínez Bravo . «' Guayominí ' -dice Luis Luque , director artístico del espacio- es una obra que interpela directamente a una generación atravesada por la cultura pop, las redes sociales y la exposición mediática. Bajo el pretexto de Eurovisión, ese festival que mezcla espectáculo, identidad nacional y deseo de reconocimiento, la obra se adentra en un territorio mucho más profundo: el de los sueños individuales confrontados con las fuerzas invisibles del mercado, la industria y la opinión pública». 'Guayomini' cuenta la historia de un joven, Roi, que de cantar en su habitación pasa sin apenas solución de continuidad a representar a España en el festival de Eurovisión, con todo lo que ello conlleva, más en estos tiempos de exaltación de las redes sociales. Sin embargo, el joven tiene un lapsus durante tres segundos que convierten su actuación en un fiasco y comienza una caída a los infiernos aún más vertiginosa que su ascenso. Omar Banana encarna al protagonista, y le acompañan Inma Cuevas, Zack Gómez-Rolls, Selu Nieto y Julia Rubio. La escenografía es de Alessio Meloni, el vestuario de Pier Paolo Álvaro, la iluminación de Beatriz Francos, la videoescena de Arantxa Melero y la música original de Luis Miguel Cobo. Eurovisión es el pretexto, dice Martínez Bravo, para hablar de sueños alcanzados y sueños rotos, de expectativas cumplidas y de la presión social. «'Guayominí' plantea una pregunta que siempre me ha acompañado: ¿ Qué estamos dispuestos a sacrificar por aquello que soñamos ? ¿Puede una meta ser el camino equivocado? En una sociedad como la nuestra, en la que vamos a todos lados con prisa, estamos expuestos buscando la validación externa y que la fama dura lo que un tiktok, ¿merece la pena arriesgarse? La obra nos habla de lo que ocurre cuando te dan las alas para volar, pero te conviertes en Ícaro. Quizás el suelo estaba demasiado cerca. A través de la cultura pop, siempre llena de luces, emociones y fuegos artificiales, exploramos lo que hay detrás del 'show': la presión, la vulnerabilidad, el miedo a decepcionar, la soledad, la responsabilidad». «¿Qué hay detrás de un juguete roto ?», se pregunta el director, que explica: «La obra es un homenaje a quienes siguen soñando, incluso cuando parece que nadie los está mirando. A los que no llegaron, pero lo intentaron, los que encuentran otras formas de seguir haciendo lo que aman». La autora, Laura Garmo, incide. «¿Y qué pasa si en el camino fracasas? ¿Cómo asumirlo? ¿Dónde agarrarte? No estamos preparados para el fracaso , aunque la vida sea una continua sucesión de victorias y derrotas. ¿Dónde están los referentes de los que aprender a salir adelante? ¿Dónde encontrar, cuando parece que todo está perdido, el impulso, la fuerza necesaria en el tiempo para que algo se mueva y seguir, seguir, seguir…? 'Guayominí' va sobre esto, sobre los deseos frente a la realidad, sobre la naturaleza del éxito y el fracaso y sobre la necesidad de seguir en la búsqueda de algo que ¿nos satisfaga o nos consuele?» Pablo Martínez Bravo llevaba mucho tiempo detrás de la idea de llevar a escena una historia relacionada con Eurovisión, un certamen del que se declara abiertamente seguidor, así como se confiesa fascinado por la cultura pop. Todo ello, asegura, está reflejado en su puesta en escena, que salpica de referencias y envuelve en comedia una historia en muchos sentidos dramática. « El humor es una herramienta poderosa para hablar de lo que duele , es un dialogo con nuestras heridas y miedos. Y esta función es una comedia porque, al igual que el festival de la canción, debe tener un tono lúdico, de juego, al igual que lo tiene el espectador cuando lo ve desde su casa».
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