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La memoria de la plaza del Olivar
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La memoria de la plaza del Olivar

El pasado 14 de abril, aniversario de la II República, se produjo una bochornosa paradoja en la plaza del Olivar de Palma. Partidos como Més y Podemos celebraron un acto de reivindicación de la memoria democrática justo en el lugar donde murió un joven de familia republicana al que han negado la memoria. La causa es muy simple: no lo mató Franco, sino la aviación republicana. Para algunos, esa es razón suficiente para condenarlo al olvido. Por eso, estos partidos votaron en contra de reconocer a estas víctimas en el Ayuntamiento de Palma el 29 de octubre de 2020.Ya que no se pudo hacer en su momento, recuperemos ahora la memoria de la plaza del Olivar. En aquel punto comenzó el primer gran bombardeo de Palma en la Guerra Civil. La mañana del 28 de julio de 1936 dos hidroaviones se hartaron de lanzar bombas sobre el centro comercial de Palma y causaron 8 muertos y 22 heridos. El impacto sobre la sociedad mallorquina fue tremendo. Nunca había ocurrido algo así. Quedó en evidencia la fragilidad ante los ataques aéreos.Las primeras víctimas habían sido dos chicos muy jóvenes. El primero era un chaval de solo 16 años que trabajaba de herrero en un taller de la plaza del Olivar. Se llamaba Tolo Pizá Busquets. Falleció desangrado por la metralla y tuvo que identificarlo su padre.Junto a él murió otro joven trabajador. Se llamaba Alejandro Llinás Socías, tenía solo 18 años y era mecánico. Su padre era un conocido republicano dueño de una alpargatería en la calle Sant Miquel. Alejandro era, además, un joven talento del ciclismo. Participaba en carreras en el velódromo del Tirador y alternaba con grandes campeones de ideología de izquierdas como Miquel Bover Salom.Aquel día de inicio de la guerra, una de las bombas le alcanzó de lleno. El parte médico decía que presentaba «herida por metralla en cabeza con lesión de masa encefálica. Pronóstico gravísimo». Existe una foto de un cadáver anónimo de ese día que encaja con estas heridas. La imagen es tan desagradable que no se puede publicar en un diario.Según la sobrina de Alejandro, Margalida Guilabert Llinás, el día del bombardeo ocurrió lo siguiente: «El tío Alejandro trabajaba en un taller en un semisótano de la plaza del Olivar. Allí cayó una bomba diez días después de empezar la guerra y la metralla entró por una ventanita. Le dio en la cabeza y lo mató». «Mi abuelo tuvo un disgusto gordísimo. Murió de cáncer siete años después porque se puso a fumar mucho. Yo creo que, entre otras cosas, por el disgusto».No sería el único que le dio la guerra. Poco después de la muerte de Alejandro, una de sus hermanas, Catalina, conoció a un militar italiano y acabó casándose con él. Se marchó a vivir a Italia y tuvo una hija, la cual todavía vive en Génova (Italia). Su padre, como era republicano, no aceptó nunca que su hija se marchara con un fascista y la desheredó.Margalida Guilabert regentó hasta su jubilación la alpargatería Llinás de la calle Sant Miquel, la misma que fundó su abuelo Gaspar. Ella era de las pocas que conservaba la memoria de Alejandro. Aquel joven que, como Tolo Pizá, murió en la plaza del Olivar y, hasta ahora, nadie ha querido recordar. Agradezco al periodista Ángel Neila la localización de Margalida.

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