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'Cochinas': porno y desnudos para liberar a las mujeres de los noventa | Collector
'Cochinas': porno y desnudos para liberar a las mujeres de los noventa
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'Cochinas': porno y desnudos para liberar a las mujeres de los noventa

Malena Alterio solo quería una freidora pero terminó con un marido en coma, a cargo de un videoclub en quiebra y con el culo al aire. El porno lo cambió todo, en la vida de su personaje en la serie 'Cochinas', una cuarentona conservadora que aviva a finales de los noventa el despertar sexual y la liberación del deseo femenino de un grupo de señoras de Valladolid, y también antes, tras la pandemia, cuando un titular sobre el aumento del consumo de contenido X entre las mujeres españolas inspiró a sus creadores para construir esta entrañable comedia que estrena este viernes Prime Video. «Había un caldo de cultivo perfecto para construir una historia sobre mujeres que empiezan a masturbarse, que descubren el maravilloso mundo del onanismo, que empiezan a explorarse, a hacerse preguntas», explica Carlos del Hoyo , cocreador junto a Irene Bohoyo de esta serie que radiografía una época y sus silencios, sus tabúes. El porno atraviesa todas las tramas , como excusa, como refugio, como chispa, y 'Cochinas' se somete a él desde sus primeros compases, empezando cada uno de sus ocho episodios con una parodia del cine para adultos que versiona clásicos como 'La princesa prometida' o 'Sé lo que hicisteis el último verano'. «Ha sido tan divertido rodarlo y poder hacer ese homenaje a las películas con las que crecimos en los noventa... Hablar con nuestros productores y decir: 'Eneko [Gutiérrez, de Oslodije], necesitamos un caballo en la secuencia de apertura; ahora un cohete'. Le daba un ictus cada vez que levantábamos el telefóno», bromean los creadores. Alquilar películas porno salva a Nines (Alterio) de las deudas de su marido, romántico del cine pero ignorante de los negocios, y abre la cortina a la sala más clandestina del Doroty para que entren la luz y las oportunidades de conocer, redescubrir, sacudirse los prejuicios y liberarse. «Las películas pornográficas idealizan el físico, pero el porno es ciencia ficción, no es la realidad. El sexo es torpe, es sucio, a veces es insatisfactorio. Ese es el sexo que tenemos la gente normal», explica Irene Bohoyo. En este sentido, en 'Cochinas' abundan los desnudos, pero los cuerpos de catálogo son exclusivos de la explícita broma subida de tono con la que comienzan sus capítulos. «Era importante mostrar cuerpos desnudos que no fueran normativos porque hay poca cabida dentro de la ficción audiovisual 'mainstream', parece que en la ficción solamente folla la gente que está buena», continúa la creadora. No hubo trabas ni censuras porque, admiten, Prime Video entendió que «era un imperativo inamovible» de la serie, que lleva el desnudo en su ADN y no muestra nada de manera gratuita. Sí hubo que limar tecnicismos, qué se podía ver y qué no, «los grados de erección, los fluidos…». «No queríamos que ninguna de las piezas descontextualizadas de nuestra serie pudieran acabar en Pornhub , sino naturalizar los cuerpos no normativos y hablar sobre una reivindicación del desnudo, de la genitalidad, desde otro lugar», cuenta Carlos del Hoyo. La comedia funciona como «lubricante» para la liberación sexual, para reivindicar la diversidad y también para la nostalgia noventera, aunque a la serie a veces le bailen un poco los tiempos. El videoclub de 'Cochinas' expande su negocio en 1998, una época de «analfabetismo sexual», con una «España se creía que era muy moderna, pero no era tan moderna». «En aquel momento el país estaba viviendo su propio despertar sexual después de toda la represión del franquismo y, durante esta transición, también estaba aflorando ese deseo y la propia España se estaba descubriendo a sí misma sexualmente», sugiere Del Hoyo.

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