Cope Zaragoza
En la Comunidad Valenciana, donde más del 95% del tejido empresarial son pymes y autónomos, el acceso a la financiación no es solo una cuestión técnica, sino de oportunidades. En este contexto, emerge la figura de Afín SGR, una sociedad de garantía recíproca que, a pesar de sus 45 años de historia, sigue siendo una gran desconocida para muchas empresas. Su director general, José María Badía, ha explicado las claves de su funcionamiento y el papel crucial que juegan para que ningún proyecto viable se quede sin financiación. Afín SGR es una entidad financiera privada, sin ánimo de lucro y regulada por el Banco de España, pero con una diferencia fundamental respecto a un banco tradicional: no presta dinero. "Lo que hacemos es hacemos posible que las empresas lo consigan", aclara Badía. Su labor consiste en reforzar las garantías de las pymes y autónomos para que una entidad financiera aporte la financiación, a menudo en mejores condiciones o en operaciones que de otro modo no saldrían adelante. El mecanismo es sencillo pero efectivo. Cuando un banco duda en conceder un crédito por falta de garantías, la posición bancaria saturada de la empresa o la falta de histórico de un emprendedor, Afín SGR interviene. La entidad financiera que deriva la operación ve cómo su riesgo desaparece, ya que Afín SGR lo asume por completo. "Nosotros cubrimos el 100% del riesgo de la operativa, por tanto, a la entidad financiera le desaparece el riesgo de la operación", subraya Badía. Aunque pueden abordar operaciones de hasta dos millones de euros, el ticket medio de Afín SGR es de 180.000 euros, lo que demuestra su enfoque en el pequeño y mediano empresario, incluyendo operaciones de 20.000 euros para sectores como el del taxi. El perfil mayoritario de las operaciones es para financiar inversiones que crean valor y puestos de trabajo. De hecho, salvo el último año, la inversión ha supuesto prácticamente el 70% de la operativa. Según Badía, uno de los principales errores que cometen las pymes al buscar financiación es la mala documentación de los proyectos y, en ocasiones, sobreestimar sus posibilidades. Existe una regla básica impuesta por el regulador: "tienes que demostrar en cualquier operación que apruebes que esa operación va a poder tener capacidad de repago". Si el proyecto es nuevo, se basan en planes de negocio, pero en segundas operaciones se analiza el cumplimiento de las previsiones iniciales. Acudir a Afín SGR no supone un sobrecoste, sino que a menudo se traduce en una mejora de las condiciones. El aval de la SGR reduce los requerimientos normativos para el banco, y parte de esa mejora se traslada al cliente. Además, las ventajas no siempre están en el precio, sino en el plazo o la cobertura. "Nosotros tenemos siempre un producto para inversión industrial que con garantía hipotecaria llegamos al 100% de la inversión", explica Badía, un porcentaje que un banco por sí solo no suele superar el 70%. Como termómetro de la economía, Badía señala que se percibe un entorno de cautela. Las empresas paralizan o retrasan inversiones y se vuelven más conservadoras ante la incertidumbre global, como la situación en Ormuz o el coste de la energía. Aunque de momento no se ha notado un incremento de la morosidad, sí se detecta una mayor demanda de circulante y de liquidez para afrontar el día a día.
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