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El estafador que sedujo a la chica Bond… y a varios millonarios más
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El estafador que sedujo a la chica Bond… y a varios millonarios más

Vendemotos y timadores actúan en todos los ámbitos sociales, pero no hay estafas tan sonadas como aquellas cuyas víctimas son ricos y famosos. Nicolas Cage, Anne Hathaway, Kevin Bacon, Johnny Depp, Belén Esteban en España... la lista es larga y, recientemente, se le ha sumado un nuevo miembro. Nada menos que Ursula Andress, el gran símbolo sexual de los sesenta, que en marzo cumplió 90 años y que, esta vez, no ha podido contar con la ayuda de ningún 007. Personaje capital en el éxito de las películas de James Bond gracias a su explosiva aparición en bikini en la película Agente 007 contra el Dr. No, de 1962 –fue el gran reclamo publicitario para la taquilla y la imagen que propulsó la popularización del bañador de dos piezas–, Andress ha sido la última víctima de uno de los mayores estafadores del siglo XXI. Su nombre: Eric Freymond, gestor de su patrimonio hasta el momento en que ella decidió denunciarlo. «Durante ocho años me mintió y explotó mi buena voluntad y confianza de una manera pérfida y criminal para arrebatármelo todo. ¡Y se aprovechó de mi edad!», declaró recientemente la exactriz y exmodelo al diario suizo Blick . Andress acusó a Freymond de estafarle unos 20 millones de euros. Esa relevante cantidad, sin embargo, está muy alejada de la cifra total de las fechorías financieras atribuidas a Freymond. Una de ellas, la estafa que perpetró contra Nicolas Puech, heredero de Hermès y mayor accionista individual de la prestigiosa casa de modas gala, supera los 14.000 millones de euros. En el caso de Andress, de momento, las policías suiza e italiana han conseguido rastrear su dinero, aunque recuperar sus cuantiosos ahorros será más complejo, ya que fueron invertidos en adquirir inmuebles, viñedos, olivares, obras de arte y títulos diversos. Dificultad a la que se añade otra muy especial: Eric Freymond está muerto. Falleció el pasado 23 de julio –se suicidó, según la Policía–, dos semanas después de haber sido interrogado en París por el caso Hermès, en el que Puech lo acusaba de haberse deshecho sin su consentimiento de un seis por ciento de sus acciones en la empresa familiar, valoradas en los antes citados 14.000 millones de euros. Además de este proceso y el de Ursula Andress, el difunto estafador debía responder también por otros problemas judiciales, incluida una demanda planteada por la viuda de otro multimillonario francés, Richard Desurmont. Semejante presión judicial podría justificar la hipótesis del suicidio como causa de su muerte. Según la versión oficial, Freymond, de 67 años, salió esa mañana a pasear en bicicleta por las calles de Saanen, la localidad de los Alpes suizos donde vivía, y poco después se arrojó a las vías al paso de un tren. Formado como abogado en Ginebra, Freymond comenzó su carrera en un prestigioso bufete de su país hasta que, con 30 años, se casó con Caroline Berthout van Berchem, heredera de una familia con larga tradición en la banca helvética entre cuyos clientes figuraba, precisamente, Hermès. Tras unir su destino al de los Van Berchem, comenzó a trabajar para uno de los bancos privados más antiguos de la ciudad, del cual era socio su suegro. Un trampolín que Freymond aprovechó para dar inicio a una trayectoria meteórica. Con el aval de su familia política pronto se convirtió en una de las grandes referencias europeas en materia de gestión patrimonial y creó sus propias sociedades. El propio Nicolas Puech, cuyos asuntos Freymond gestionó durante más de veinte años, declaró en la instrucción de la causa que había confiado en él como gestor de su patrimonio por el prestigio de la familia de su esposa. «Tenía una confianza ciega en su integridad», dijo Puech tras haberlo acusado de perpetrar un «fraude gigantesco» y describirlo como «un estafador e incluso un gánster». Nick Kostov, un reportero que investigó el caso Hermès para el diario The Wall Street Journal durante 18 meses y pudo tratar con Freymond en dos ocasiones, describe al hoy difunto como un hombre voraz que «disfrutaba de los lujos de la riqueza», pero que nunca fue un timador sofisticado, sino alguien que elegía astutamente objetivos fáciles, «gente rica y vulnerable», y cuya suerte finalmente «se acabó». Kostov tampoco es indulgente con las víctimas. A Puech lo describe como «un heredero poco ambicioso al que no le interesan las finanzas ni los negocios. Vive de los dividendos y se pasa el tiempo con sus caballos. Probablemente, le dijo a Freymond: 'Administra mi fortuna y asegúrate de que crezca'». El propio heredero de Hermès lo expresó de este modo a los jueces de París: «Él se encargaba de pagar todo lo que había que pagar. Era para simplificarme la vida». Según el reportero, la relación entre gestor y cliente funcionaba así: «Freymond era una figura manipuladora. Toda la correspondencia y las llamadas telefónicas de Puech se redirigían a su oficina. Los amigos de Puech nunca lo veían sin Freymond a su lado. Este también lo aisló de sus familiares, diciéndole: 'Quieren quedarse con tu fortuna, quieren demandarte, no puedes confiar en ellos'». Freymond incluso organizó la celebración del 75 cumpleaños de su cliente en España, donde Puech posee una finca de lujo en la localidad onubense de Aracena. «Invitaron a 70 personas, pero ninguna de la familia Hermès», revela. La supuesta ignorancia de Puech se prolongó hasta 2022, cuando decidió adoptar y legar parte de su fortuna a un antiguo empleado suyo: un ciudadano francés de origen marroquí identificado en algunos medios como Abderrazzak Jadil Butrak, casado con una española. Fue entonces cuando el heredero de Hermès habría descubierto que las acciones de la discordia estaban en paradero desconocido. ¿Dónde fueron a parar? La respuesta, cree Kostov, podría estar en la 'guerra de los bolsos': el intento de Bernard Arnault, fundador del emporio de marcas de lujo LVMH, para hacerse con el control de Hermès en 2010. La oferta de adquisición fracasó. Según Kostov, «las acciones desaparecidas, casi con toda seguridad, terminaron en manos de LVMH hace más de una década. Que Puech lo supiera o no, como afirmó Freymond ante los jueces y Puech refutó con vehemencia, es otra historia». En diciembre, en todo caso, LVMH negó en un comunicado poseer esas acciones 'ocultas'. De lo que no hay duda es de que el cerco judicial se estrechaba sobre Freymond. «Sentía una presión enorme –subraya Kostov–. Corría de un lado a otro tratando de limpiar el desastre que había causado». La dimensión del mismo se desconoce, ya que se ignora qué otras jugarretas financieras pudo haber hecho a sus clientes a lo largo de tres décadas de ejercicio. En realidad, hasta la muerte del millonario francés Richard Desurmont, en 2021, todo le había ido sobre ruedas. Tras haber gestionado los bienes de Desurmont, Freymond fue también albacea de su testamento y cometió su primer gran error: utilizar fondos de esa herencia para operaciones financieras ajenas a la familia del difunto. La viuda de Desurmont, una reconocida figura de la alta sociedad helvética llamada Heidi von Salvisberg, no se dejó engañar y lo demandó por malversación de fondos. Como consecuencia, la sombra de la desconfianza se extendió entre el resto de sus clientes. Pero la mayoría de ellos, incluida Ursula Andress, quiere evitar a toda costa ocupar titulares de prensa. De hecho, la actriz se había esforzado en los últimos años por desaparecer de la vida pública. Está prácticamente retirada de la pantalla desde hace tres décadas, aunque en 2005 participó en una película suiza, The bird preachers , y su vida personal no tiene nada que ver con la que protagonizó durante sus años en el cine. Nacida en 1936, en Suiza, en una familia acomodada, Andress mantuvo cuando era joven varias relaciones sentimentales muy mediáticas. Estuvo casada con el director John Derek entre 1957 y 1966, y fueron sonados sus romances con celebridades como el actor Jean-Paul Belmondo (presuntamente mientras seguía con Derek) y el cineasta Fabio Testi. En 1980 tuvo a su único hijo, Dimitri, con el actor Harry Hamlin, relación que la colocó de nuevo en el foco porque ella era 15 años mayor que él y, además, fue madre a los 44, algo poco habitual en la época. La relación con Hamlin terminó a mediados de los ochenta y, unos años después, Andress vivió su último romance conocido con el experto en artes marciales Jeff Speakman. Desde entonces, solo Eric Freymond ha logrado devolverla bajo los focos. La muerte del estafador, por cierto, les ha complicado la vida a sus clientes, ya que el dinero en este tipo de estafas suele estar disperso por el mundo, lo que obliga a lidiar con opacas instituciones multijurisdiccionales para, primero, localizarlo y, más difícil aún, recuperarlo. Los activos malversados a Ursula Andress, al menos, ya se han localizado; su restitución, sin embargo, anticipa un delicado escenario para una nonagenaria como ella. «Esta sensación de impotencia es insoportable; me está matando –señala la otrora sex symbol , que ha revelado que sufre serios problemas para dormir–. Como todos los suizos, he trabajado duro y siempre he ahorrado. Esperaba pasar mis últimos años feliz y en paz. Y ahora sucede esto: me han engañado de una manera repugnante». ‖ ‖ ‖ ‖ ‖

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