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La historia del reloj de Jaca sigue desvelando capítulos fascinantes sobre el pasado de la ciudad. Gracias a la labor de divulgación de Juan Carlos Moreno, de la Asociación Sancho Ramírez, se han conocido nuevos detalles sobre su evolución en el siglo XVI. Antes de profundizar en el reloj, Moreno ha resuelto el misterio de un concurso reciente: la ubicación de la 'escaraguaita'. Se encuentra en la Plaza del Pilar, en la esquina con la calle Sancho Ramírez, sobre un conocido restaurante. Este elemento arquitectónico es un cilindro que imita las garitas defensivas de las torres medievales, un detalle singular del casco histórico de Jaca. La narración histórica se traslada a 1589, cuando la familia Lobaco, una saga de cerrajeros descritos como "herreros finos", eran los encargados del mantenimiento del reloj municipal. Su pericia no se limitaba a la relojería; también eran expertos en el armamento municipal. De hecho, existe una conexión directa con la celebración del Primer Viernes de Mayo. En 1596, Juan Lobaco se ofreció al consistorio para fabricar "100 más para armar a los jaqueses" a un precio de 40 reales cada uno, que podrían ser utilizados en la festividad. En 1594, los registros muestran que el ayuntamiento contrató a un tal Esteban para "aderezar el reloj", evidenciando la alternancia en el mantenimiento y la fabricación de las piezas, una práctica común en la época, similar al reemplazo de electrodomésticos en la actualidad. El año 1595 marca un punto de inflexión. Con la Ciudadela de Jaca ya en construcción, el consistorio decidió encargar la fabricación de un nuevo y más importante reloj para la ciudad. La idea inicial fue "sobre elevar la torre de la catedral" para poder albergar la nueva maquinaria, que se presuponía de gran tamaño. Sin embargo, este plan chocó frontalmente con los intereses militares. El gobernador de la Ciudadela, Juan de Velasco, se opuso firmemente. Los militares argumentaron que una torre más alta "daría mucho rostro al fuerte". Su razonamiento estratégico era impecable: si un enemigo tomaba la ciudad, podría usar esa posición elevada para instalar artillería y disparar contra la fortaleza. La seguridad de la Ciudadela era prioritaria, por lo que el proyecto fue denegado, a pesar de las buenas relaciones entre Velasco y el pueblo de Jaca. Este episodio también revela el creciente malestar del poder civil por tener el reloj en una propiedad eclesiástica. A pesar del contratiempo, en junio de ese mismo año, los jurados del concejo acordaron un avance técnico significativo: la creación de una "campana de cuartos" por 25 sueldos. Este añadido indica que el reloj de Jaca ya era capaz de marcar los cuartos de hora, sumándose al que ya existía en el monasterio de San Francisco. La ciudad contaba, por tanto, con dos relojes públicos en funcionamiento. Finalmente, en el mismo mes de junio de 1595, el consejo de Jaca contrató al relojero de Barbastro, Pedro Rolín, para la fabricación de "un reloj grande y doble". Según explica Moreno, la denominación "doble" sugiere que el reloj tendría dos caras, probablemente instaladas en una estructura tipo espadaña para ser visible desde distintos puntos, como la plaza de la Catedral y la de San Pedro. Este encargo sentó las bases para el futuro traslado del reloj a la Torre de la Cárcel, que pasaría a ser conocida como la Torre del Reloj.
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