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El Club Baloncesto Jaca afronta la recta final de la temporada recogiendo los frutos de un año de trabajo intenso y una filosofía que prioriza la participación por encima de todo. Con varios equipos disputando fases finales y la mirada puesta en el futuro, los responsables del club, Carlos Iralde y el exjugador profesional y entrenador Nacho Biota, analizan un presente exitoso que se ha construido sobre un modelo de gestión deportiva y humana único en el territorio. Los resultados deportivos han sido sobresalientes en varias categorías. El equipo infantil femenino se ha proclamado campeón provincial tras ganar la Final a 4 disputada en Jaca "con una solvencia total", según Iralde. Esta "buena generación", como la define, también compite en Zaragoza, donde lidera la clasificación en la liga infantil B a falta de una jornada. Por su parte, el senior masculino ha completado una "temporada muy buena" en su debut en la A2, una categoría a la que ascendió el año pasado. El equipo finalizó tercero en la liga regular y cayó en cuartos de final, pero ha demostrado un gran nivel en una competición "muchísimo más fuerte" que la Segunda Aragonesa, donde militaba anteriormente. El calendario de competición todavía tiene citas importantes marcadas en rojo. Al club le queda por disputar la Final a 4 del cadete femenino en Monzón, los cuartos de final del junior de tercera contra Fuentes y la final provincial del infantil masculino contra el Peñas en Huesca. A estos compromisos se suma el tradicional Torneo de Jaca, que pondrá el broche final a la temporada el último fin de semana de mayo. Con cerca de 160 jugadores y jugadoras, el Club Baloncesto Jaca se ha consolidado como una de las entidades deportivas con más fichas de la zona. Sin embargo, su principal seña de identidad es su filosofía inclusiva. "Nuestra apuesta es que jueguen", afirma Iralde, explicando que el club saca varios equipos en muchas categorías para asegurar que todos los inscritos tengan minutos, sin importar su nivel. Esta política de "puertas abiertas" supone un reto logístico y deportivo considerable. Nacho Biota lo describe de forma gráfica: "A veces somos como una ONG, porque nosotros cogemos a todos los chavales que vienen y todos juegan bajo unos parámetros de esfuerzo y disciplina". Entrenar en un mismo grupo a jugadores de nivel A con otros de nivel C es "complicadísimo", pero es el pilar sobre el que se sustenta el club. La gestión de los recursos es un desafío constante. El club cuenta con un equipo técnico limitado, con cuatro contratos y varios voluntarios, y se enfrenta a "problemas de instalaciones" que le impiden crecer mucho más. A esto se añade la dificultad de operar desde Jaca, una localidad pequeña con una gran competencia de otros deportes como el hockey, el esquí o el ciclismo, lo que obliga a constantes desplazamientos por toda la provincia y la comunidad. La situación actual contrasta enormemente con la de hace tres lustros. "Hace 15 años, lo que nos solía pasar en Huesca es que nos ganaban de 50", recuerda Biota. Hoy, el club ha protagonizado un "cambio de paradigma" y es frecuentemente el equipo que domina los marcadores con autoridad, un motivo de "superorgullo" para sus responsables. Este salto de calidad se debe, según explican, a la mejora en la formación de los entrenadores, el trabajo duro y la presencia de figuras como el propio Nacho Biota. Iralde subraya la importancia de tener un exjugador profesional en el club, algo que considera un "referente" y una ayuda fundamental que no muchos equipos de la provincia tienen. El compromiso del club no termina con la temporada regular. En verano se organizan actividades como el Campus Nacho Biota, unas jornadas de tecnificación que permiten a los jóvenes seguir mejorando. Biota, con humildad, aclara que él presta su nombre pero no se encarga de la organización, que congrega a unos 50 participantes cada año. El proyecto se sostiene gracias al esfuerzo de directivos, entrenadores y familias, además de los apoyos institucionales como el del Ayuntamiento de Jaca, que permite mantener una cuota anual de unos 400 euros. "Es una maravilla tener un club así, pero es muy difícil de sujetar", concluye Biota, consciente del valor y la fragilidad de un modelo que se ha convertido en un ejemplo a seguir.
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