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La Cruz del Gorbea cumple 125 años: de desafío imposible a símbolo eterno del montañismo vasco | Collector
La Cruz del Gorbea cumple 125 años: de desafío imposible a símbolo eterno del montañismo vasco
Cope Zaragoza

La Cruz del Gorbea cumple 125 años: de desafío imposible a símbolo eterno del montañismo vasco

Hay cimas que se suben y otras que se sienten. El Gorbea pertenece a estas últimas. Y su cruz, visible desde kilómetros, es uno de los grandes símbolos del montañismo vasco. Este año cumple 125 años y lo hace con una buena noticia: las diputaciones de Álava y Bizkaia han acordado su restauración, necesaria por el deterioro provocado por las duras condiciones meteorológicas. Para Fernando Casi, presidente de la Sociedad Excursionista Manuel Iradier, su valor trasciende lo físico: “Es un símbolo de unidad, de hermanamiento, de paz. Ha mantenido su componente religioso, pero hoy representa mucho más”. La historia de la Cruz del Gorbea empieza el 12 de noviembre de 1901, cuando se inauguró una monumental estructura de 33 metros, un hito sin precedentes en Euskadi. Aquel día, pese al viento feroz, la cima reunió a autoridades, obreros y vecinos en un acto que, sin embargo, quedó incompleto por las inclemencias del tiempo. La cruz había sido diseñada por el empresario y alcalde de Barakaldo Serapio Goikoetxea, y fabricada en su fundición de Lutxana. Su traslado hasta la cima fue una auténtica odisea: desmontada y transportada en tren hasta Izarra, las piezas recorrieron después caminos de montaña en mulas, caballos y bueyes, en viajes de hasta 14 horas. Pesaba unas 13 toneladas y costó 50.000 pesetas. Pero su propia ambición la condenó: apenas un mes después de su inauguración, el 12 de diciembre de 1901, un vendaval la derribó. El golpe fue duro para las comunidades del entorno, que impulsaron una segunda cruz en 1903, reconstruida con refuerzos pero con la misma altura. Tampoco resistió: cayó el 12 de febrero de 1906, tras 836 días en pie, víctima del viento, la nieve acumulada y las debilidades estructurales. A la tercera llegó la solución. Construida probablemente en 1906 por los Talleres de Zorroza, redujo su tamaño a 17,80 metros e incorporó un diseño más sólido, reutilizando incluso las bases anteriores. Inspirada en estructuras metálicas más resistentes, ha logrado mantenerse en pie durante más de un siglo. Situada entre Álava y Bizkaia, la cruz refleja también una tradición de colaboración entre territorios. Desde sus orígenes, su construcción, mantenimiento y ahora restauración han sido fruto de ese esfuerzo conjunto. El Gorbea es, además, una de las cumbres más transitadas, con múltiples rutas de ascenso y fechas señaladas como el 31 de diciembre o el Día de San Ignacio, cuando cientos de montañeros ascienden hasta su cima. El paso del tiempo ha afectado especialmente a su base, lo que ha hecho necesaria la intervención ahora acordada. Pero, más allá de lo material, la restauración tiene un profundo valor simbólico. “Se protege una tradición, se protege un sentimiento”, resume Casi. Bajo la cruz, la imagen de la Virgen de Begoña —la “Amatxo”— sigue recibiendo a quienes culminan la ascensión, muchos de los cuales mantienen el ritual de rodearla como gesto de respeto y deseo de regresar. La Cruz del Gorbea no es solo un elemento en la cima. Es memoria, identidad y punto de encuentro. Un símbolo que ha sobrevivido a caídas, temporales y al paso del tiempo. Una mirada que hoy hemos  recordado dentro del espacio La buena noticia, que patrocina cada viernes en COPE Euskadi el Gobierno Vasco. Y que, 125 años después, sigue en pie como referencia para generaciones de montañeros y como emblema compartido de todo un territorio.

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