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La trashumancia, esa tradición ancestral en la que los pastores recorrían cientos de kilómetros con sus rebaños en busca de pastos, es una estampa casi perdida en el campo español. Sin embargo, para evitar que desaparezca por completo, este fin de semana se celebra la Feria de la Trashumancia en Almendra de la Cañada, una iniciativa para revivir y dar a conocer este modo de vida. José Hernández, uno de los pastores que participa, desciende de una larga estirpe familiar ligada a este oficio. La feria arranca esta misma tarde, cuando los pastores y sus ovejas inician el camino. “Salimos con las ovejas por una vereda que va a la Cañada Real Leonesa”, explica Hernández. Allí, tras una cena de pastores, pasarán la noche para, al día siguiente, encontrarse con un grupo de gente y otra ganadería de vacas que también se suma al recorrido. La jornada culminará en el pueblo con una exhibición de esquileo y una feria con más de 50 puestos de artesanía y productos locales. El vínculo de José Hernández con la trashumancia viene de lejos. “Mi bisabuela se vino de Serranillos, Ávila, en invierno se bajaban de aquí y luego en verano se volvían a ir”, relata. Esa herencia es el motor de esta fiesta, una idea que surgió de un ganadero local y del propio Hernández, y que fue impulsada por la Cámara de Comercio de Talavera para “que la gente conozca la vida de los pastores y la vida de los pueblos”. A pesar de estos esfuerzos, el futuro del oficio es incierto. A José le duele que la tradición familiar se pueda perder porque sus hijos no seguirán sus pasos. El problema, asegura, no es la falta de voluntad, sino la imposibilidad de ejercer la profesión. La principal barrera es la excesiva burocracia. “Para ser pastor, es casi como hay que ser notario o abogado, necesitamos más leyes que un abogado”, lamenta Hernández. Critica que se exijan tantos requisitos a un colectivo que, históricamente, ha tenido “la lectura limitada”, lo que desanima a cualquiera que quiera iniciarse en el oficio. De esta forma de vida ha nacido una rica herencia cultural, especialmente en la gastronomía. Platos como las migas, la caldereta de oveja o las patatas de pastor son ejemplos de una cocina de supervivencia que aprovechaba los recursos disponibles durante los largos desplazamientos del ganado. Otro de los grandes escollos es el choque con la mentalidad urbana. Hernández denuncia la incomprensión de muchos visitantes que acuden al campo y denuncian situaciones propias de la ganadería. “Denuncian que tienes un perro suelto, que tienes un perro atado, que se te ha quedado una oveja. Todo eso lo denuncian, viene el Seprona y te denuncia”, explica con impotencia. El pastor pide más empatía y conocimiento antes de juzgar. “¿Tú crees que esa oveja que se me perdió a mí, querías tú que se me perdiera? No, se me ha perdido y no la encuentro. ¿Por qué vienes a denunciarme?”, se pregunta. La feria, concluye, no solo busca atraer visitantes para que trabajen las casas rurales y los bares, sino también “realzar nuestra voz para que alguien ponga pie en pared y nos ayude un poquito”.
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