La Opinión de Murcia
Apenas dos años después de 'But here we are' (2023), un disco en el que se respiraban el duelo y la catarsis tras el deceso del batería Taylor Hawkins, Foo Fighters hacen de tripas corazón y entregan un cancionero expeditivo, furioso, en el que reafirman su eficacia sónica con un discontinuo goteo de buenas ideas. Un álbum con el que Dave Grohl y compañía exhiben vitalidad en un tiempo en que parecen haberse convertido en uno de los últimos bastiones del 'stadium rock', al menos dentro de esa modalidad un día llamada alternativa y acuñada en los 90.
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