INFORMACION
Hubo un tiempo en que leer a Kant era casi un ritual en la formación de un historiador. Recuerdo bien la primera vez que me enfrenté a La paz perpetua en la universidad, sin saber muy bien qué estaba leyendo ni para qué podía servirme aquello. Me pareció entonces un texto difícil y algo distante. Con los años he vuelto reiteradas veces a él, no porque haya cambiado Kant, sino porque ha cambiado el mundo… y también nuestra forma de mirarlo. Y es que los libros clásicos no se actualizan; somos nosotros quienes los reabrimos desde nuevas urgencias, como las que tengo yo ahora ante el horror que estamos viviendo.
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