Cope Zaragoza
La reciente visita del Papa León XIV a Guinea Ecuatorial ha dejado una profunda huella de "entusiasmo y fervor popular", en palabras del Padre Apolinar Mbo Olinga, vicario general de la diócesis de Ebibeyin. Apolinar, que asistió a la misa celebrada por el Pontífice en la basílica de la Inmaculada Concepción de Mongomo, describe en 'La Linterna de la Iglesia' una experiencia para la que "faltan palabras", un sentimiento que solo puede comprenderse al experimentarlo directamente. Del mensaje del Papa durante la Eucaristía, el vicario general retiene una idea central: la importancia de unirse "a Cristo mediante la Eucaristía para así poder vivir y hacer crecer la fe entre nosotros". Este ha sido, según sus palabras, el pilar espiritual más importante que ha extraído de la celebración en la Basílica de Mongomo. La visita papal ha sido fundamental para la Iglesia local, que se encuentra en un momento de nuevo rumbo pastoral. Según Mbo Olinga, necesitaban "la confirmación de nuestra fe" y un apoyo explícito de la Santa Sede a las iniciativas que están emprendiendo. En el ámbito social, el mensaje del Papa ha sido un impulso para "vivir unidos en paz, para poder impulsar así el progreso como cristianos que somos". El Pontífice recordó que el cristiano no es ajeno al desarrollo de su entorno, pues, como citó el Padre Apolinar, "todas las aspiraciones humanas tienen su eco en el corazón de Jesucristo". Por ello, el creyente debe involucrarse activamente en el progreso social y cultural del país, un mensaje que ha calado con fuerza en la comunidad. La historia personal del Padre Apolinar es un claro ejemplo de la importancia de las vocaciones nativas y el papel crucial de las misiones. Su testimonio es contundente y revela una profunda gratitud hacia quienes le guiaron en su camino. De hecho, su vocación fue descubierta y cultivada gracias a la labor de los evangelizadores que llegaron a su tierra. Él mismo afirma que "todo lo que soy es sacerdote y se lo debo a los misioneros", ya que fueron ellos quienes "descubrieron que en mí se podía descubrir al mismo tiempo la vocación al sacerdocio". Además de la guía espiritual, le proporcionaron la formación necesaria para que él, a su vez, pudiera "educar con conocimiento de causa y impulsar también las vocaciones" en su comunidad como nativo del lugar. El Padre Apolinar subraya la importancia de que la misión sea llevada a cabo "por los mismos autóctonos del país", debido a su profundo conocimiento del entorno cultural y las costumbres locales. Considera que, aunque el misionero extranjero aprende, el nativo posee una comprensión innata que facilita enormemente la evangelización. Su camino no fue fácil. El vicario general fue testigo directo de la persecución religiosa durante la dictadura de Francisco Macías Nguema, una época en la que se cerraron los seminarios del país. "Fue una cosa terrible por nuestra parte, que en pleno curso se cerraran todos los colegios y todos los seminarios", recuerda. Esta situación les dejó "en la intemperie", obligando a cada uno a buscarse "la vida como podía". A raíz de esta persecución, tuvo que refugiarse en Camerún durante tres años para poder continuar su formación como seminarista. Tras la apertura política en 1979, finalmente pudo viajar a España para finalizar sus estudios en el seminario de Madrid, un periplo que demuestra su perseverancia y la solidez de su llamada. Finalmente, el Padre Apolinar insiste en que el apoyo a las vocaciones no puede limitarse a la oración. Explica que sus estudios superiores en Madrid fueron subvencionados por las Obras Pontificias Misionales, y recalca que "no basta solo la oración". Según el vicario, los medios materiales "son fundamentales para la formación de un candidato al sacerdocio", sin los cuales una vocación no puede desarrollarse de manera efectiva.
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