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La caída del pelo es una preocupación común que afecta a hombres y mujeres de todas las edades. Según la plataforma Medihair, el 85% de los varones y el 33% de las féminas se enfrentarán, en algún momento de su vida, a este problema que, más allá de la estética, puede afectar a la autoestima. En los hombres, la calvicie ha sido durante años algo natural e incluso se ha vinculado a la sabiduría, aunque ya hace tiempo que muchos buscan soluciones. Por el contrario, en las mujeres ha sido un tema silenciado que está dejando de ser tabú, lo que ha provocado un incremento de las consultas. Las causas de la alopecia son diversas, pero la más común en ambos sexos, la androgenética , tiene una base genética y hormonal, aunque se presenta de diferentes maneras. «En el varón suele iniciarse a edades más tempranas, evoluciona de manera progresiva y sigue un patrón bien definido, afectando principalmente a las entradas y la coronilla. En la mujer, en cambio, la pérdida suele ser más difusa, con un aclaramiento progresivo en la zona central del cuero cabelludo y, por lo general, sin un retroceso marcado de la línea frontal. Aunque la alopecia masculina y femenina comparten bases hormonales en muchos casos, presentan diferencias clínicas, diagnósticas y terapéuticas que obligan a un enfoque individualizado», explica la doctora Carolina López Núñez , dermatóloga experta en tricología de Demya Madrid y Bojanini Experts. La alopecia androgenética (calvicie común) puede aparecer en los hombres a partir de los 20 años, y en algunos casos, incluso antes. Según el doctor Jaime Tufet , director científico del área de tricología de la clínica Egos, «es hereditaria y poligénica (intervienen varios genes). Se transmite tanto por línea paterna, como materna. Es posible hacer un diagnóstico genético entre los 18 y 25 años para pronosticar el futuro e iniciar tratamientos preventivos». En las mujeres, intervienen, además, otros factores. Según López Núñez, son las «alteraciones tiroideas, síndrome del ovario poliquístico, cambios hormonales asociados a la menopausia, déficit de hierro u otras carencias nutricionales, estrés físico o emocional mantenido, dietas restrictivas o desequilibradas y el postparto». En ambos sexos, la alopecia androgenética debe ser diagnosticada por un médico especialista que aconsejará la mejor solución en cada caso. Para los varones, Tufet recomienda «tratamientos orales con minoxidil y finasterida o dutasterida, protocolos como el PRP (Plasta Rico en Plaquetas) y la mesoterapia capilar con vitaminas, péptidos y activos bioestimuladores; en último caso, el trasplante capilar, la solución para las zonas ya despobladas». En el caso de las féminas, López Núñez apuesta por «tratamientos tópicos mediante fórmula magistrales personalizadas; minoxidil por vía oral; antiandrogénicos; corrección de déficits nutricionales, como hierro o vitamina D, cuando se detectan estas carencias en analítica; tratamientos de la patología de base (alteraciones tiroideas u otros desequilibrios hormonales); terapias adyuvantes o regenerativas (mesoterapia capilar o PRP) y, en fases avanzadas, trasplante capilar». El pelo pasa por tres fases: anágena o de crecimiento, catágena o de transición y telógena o de caída. Por eso es normal perder entre 50 y 100 cabellos al día, ya que forma parte del ciclo natural de renovación. En algunos momentos del año, como el otoño o la primavera , algunas personas perciben una mayor caída. Además, según la doctora Alba Gómez , directora de la unidad de medicina capilar de IMR, «las caídas agudas de cabello pueden aparecer tras periodos de estrés, cambios de vida relevantes o enfermedades. Aunque los hombres también pueden padecerlas, son más frecuentes en las mujeres, después de etapas vitales como el parto». Este tipo de alopecia tiene un buen pronóstico, y el cabello perdido suele recuperarse pasado un tiempo. En cualquier caso, es importante saber diferenciar una caída estacional de una alopecia, más grave y que sí necesitará un tratamiento médico. La primera suele durar entre uno y tres meses, y aunque puede asustar por el número de cabellos que se encuentran en el cepillo, la ducha o la almohada, no conlleva una pérdida significativa de la densidad capilar, ni del volumen. La segunda tiene una mayor duración, y está asociada a la pérdida de densidad, y a la aparición de calvas o zonas con una reducción significativa del cabello. También puede tener otros síntomas como picor o escozor en el cuero cabelludo. La doctora Gómez sostiene que «si existe una caída capilar superior a la habitual y prolongada en el tiempo, o si se percibe que la densidad capilar ha disminuido apareciendo áreas sin cabello, se debe consultar con un dermatólogo . En cuanto a los tratamientos disponibles, estos se centran en favorecer la recuperación del cabello. Empleamos agentes que regulan los ciclos capilares, como la melatonina, nutricosméticos que suplementan el metabolismo folicular o incluso fármacos cuando la situación es severa o recurrente». Por otra parte, las mujeres pueden sufrir envejecimiento del cabello, que se traduce en una pérdida significativa de la densidad. «Sobre todo a partir de la menopausia , existen una serie de cambios metabólicos en el organismo, que también se acusan en la melena. La acumulación de radicales libres conllevará un ambiente proinflamatorio a nivel folicular que influirá de forma directa en los ciclos capilares. Junto a los cambios hormonales propios de esta etapa vital, la consecuencia final será una disminución global del volumen del pelo, que será más fino, más encrespado y con menos brillo . Además, la piel de la cabeza puede notarse más seca y tirante y también pueden apreciarse entradas más pronuncias», explica Gómez. La dermatóloga aconseja, tras un diagnóstico personalizado, combinar farmacología con suplementos antioxidantes, el uso de champús y lociones apropiados a la sintomatología y tratamientos complementarios como la mesoterapia capilar o el PRP.
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