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Con exactamente cien años y una semana de vida, la organista Montserrat Torrent va a participar junto a algunos de sus discípulos en un concierto en el Auditorio Nacional. Las entradas llevan ya mucho tiempo agotadas. Este 2026 conmemora su centenario por todo lo alto y, cosa excepcional, en activo. Cumplió cien años el viernes de la semana pasada, 17 de abril, y en Barcelona lo celebró con una fiesta, pastel incluído, en el Museo de la Música, y un homenaje al día siguiente en el Palau de la Música Catalana: un concierto de tres horas en el que participaron ella y una veintena de discípulos también, como este sábado en Madrid. El 18 de mayo inaugurará también en la capital catalana el órgano que lleva su nombre en la iglesia de Sant Felip Neri. Ha luchado sesenta años para recuperar el instrumento que se perdió durante la Guerra civil. Empezó a proyectarlo con el organero Gabriel Blancafort. Él ya no está, de modo que lo ha terminado su hijo Albert, pero Montserrat ha seguido en la batalla hasta el final. Lleva semanas emocionada y agotada de tanto trajín, de modo que intentamos ponerle la entrevista fácil, aun sabiendo que no le falta energía. Le pedimos que glose para ABC algunos conceptos sobre los que ha podido reflexionar tras haber vivido cien años, dado miles de conciertos, grabado más de setenta discos, y, sobre todo, disfrutado de millones de horas haciendo música. Empezamos por un tema que la obsesiona, la humildad que debe tener un músico: «Sea cual sea el nivel artístico al que uno llegue, nunca debe tocar para satisfacer su ego, sino para poner todos sus conocimientos al servicio de la música». Hace años que Montserrat Torrent empezó a perder audición. Pronto aprendió a convivir con ello. Ahora, asegura: «Doy gracias a Dios por mi sordera», porque disfruta de la música «como nunca la había disfrutado cuando tenía el oído perfecto». «La escucho por dentro, la hago completamente mía y, desde esa interioridad, siento las frases bien vivas, pienso cómo las tocaré y las proyecto al exterior», en lo que define como una «auténtica simbiosis con ella». En sus primeras décadas de carrera, Torrent tuvo el empeño de recuperar no solamente el repertorio antiguo español, sino también muchos instrumentos que se destruyeron en la guerra civil. Contra la tendencia a sustituirlos por instrumentos electrónicos y de plástico, se mantiene tajante: «El órgano nunca ha tenido teclado de plástico, el teclado de un órgano tiene que ser de marfil o de madera, que es noble y calienta las manos». En los últimos años, Torrent se ha convertido también en luchadora a favor de un mayor reconocimiento social de las personas mayores. «Que yo a mi edad toque, pienso que es un gran atrevimiento. Pero aún puedo comunicar a los demás lo que para mí es la música, y ese es mi reto, mi alegría y mi canto a la vida». Apasionada de la política, la edad le da la posibilidad de decir exactamente lo que piensa: «Trump es un hombre demente, un día dice una cosa y al día siguiente, la contraria». Repite una idea que viene sosteniendo los últimos meses: «Trump, Putin y Netanyahu no deberían morir de repente, sino por una enfermedad que les diera tiempo para pensar y a arrepentirse». Torrent es maestra de más de una generación de organistas, españoles y del resto del mundo. «Con algunos hay una relación entrañable, los quiero tanto como si fueran familiares», pero cien años también dan para algunas rupturas: «Esto me entristece mucho porque pienso que podemos tener divergencias de criterio, de pensamiento, pero no puedo entender que piensen que yo les he hecho algo malo». Sostiene que quisiera «que esto pudiera arreglarse antes de irme, porque querría marcharme reconciliada con todo el mundo». Roberto Fresco . «No recuerdo qué piezas trabajamos en las primeras clases, pero sí cómo la conocí: en un concierto en el Museo del Prado. Ella tocaba con mi maestra, Genoveva Gálvez, los seis conciertos para dos instrumentos del padre Soler. Yo iba a pasar las páginas a mi profesora, y para mí Torrent era como un mito. Solamente la conocía de escuchar sus grabaciones en Radio Clásica, y hallé una persona completamente accesible. Me dio su dirección y yo, con 17 años, le escribí una carta al día siguiente, que debió de ser todo pasión. No quiero ni saber qué debí decirle». Cristina García Banegas . Obras de Cabezón y Cabanilles. «Nos moríamos de la risa, nunca he sentido ningún miedo en sus clases, quizás porque al ser uruguaya y haber estudiado en Argentina, estuvimos mucho tiempo escribiéndonos cartas antes de conocernos en persona. Al tocar para ella, notaba cuándo se emocionaba y cuándo no». Juan de la Rubia . Bach: Partita 'Sei Gegrüsset' y Fantasía en sol. «Con la primera, se centró en la profundidad simbólica de la música de Bach, y la relación entre la música y la letra del coral; con la segunda, prefirió aprovechar para mejorar aspectos técnicos. El secreto de un maestro es saber qué aspectos mejorar del alumno con cada pieza que esté tocando». Pablo Márquez . Franck, coral número 2. «Me sorprendió su mano tan fuerte, con una musculatura tan trabajada, sobre todo con el anular y el meñique. Me habló mucho de retórica. Yo tenía 15 años y ella era la mejor profesora de España, pero nunca te abruma, es muy cercana».
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