La Opinión de Murcia
Con el paso de los años se va teniendo, generalmente, la lucidez de asumir que el tiempo es limitado y que no alcanza este para lo mucho que nos gustaría realizar. Tengo la certeza —con toda serenidad— de que no podré viajar a muchos de los lugares con los que soñaba de joven y que ansiaba, apasionadamente, conocer. Asumo, igualmente, los numerosos libros que se apilan en mi lista mental y que, casi con toda seguridad, no llegaré nunca a poder leer. No hay nada malo en esto: el tiempo va restando minutos a nuestras vidas, y su administración, con los años, se vuelve tremendamente valiosa, poderosa y selectiva.
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