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Las paradojas del poder
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Las paradojas del poder

La política está hecha de improvisación, pero no tolera a los aficionados. Para adquirir poder se tiene que ser hábil entendiendo a los demás, de modo que uno lea con nitidez qué quieren, y qué rechazan. En democracia, el político capaz de reflejar la realidad como un espejo bruñido se crea menos problemas, que aquel que parte de sus prejuicios, que consisten en creer saber lo que en realidad se ignora. Los prejuicios enmascaran la realidad, y acercan la bofetada electoral, pues la realidad es tozuda y no desaparece, aunque no la miremos. Una vez alcanza el poder, el político tiende con sorprendente rapidez a perder esa capacidad de confrontar las cosas como son, principalmente porque uno se centra en sí mismo y se encuentra muy satisfecho con lo conseguido; además, habitualmente, las personas de su círculo más cercano cierran filas alrededor como una guardia pretoriana, cuya prioridad es defenderle de las opiniones divergentes, mientras le susurran constantemente lo que quiere oír, hasta envolverle en una nube que le ciega para ver más allá de su contorno. En el mundo empresarial sabemos que dentro de las empresas viven los costes, mientras que para obtener ingresos hay que salir fuera. Cada vez menos directivos salen de su caparazón, ahora digitalizado artificialmente, y se nota, porque tocan de oído. Paradójicamente, la mayor información procesada correlaciona con menor lucidez en la anticipación de lo que traerá el futuro. La neurociencia señala que en las personas poderosas hay zonas del cerebro menos activas, entre otras aquellas que fomentan la empatía, que permiten ver con los ojos del alma a los otros, escucharlos y comprenderlos. Si el poder es ilimitado, descontrolado o desequilibrado, año tras año precipita esta metamorfosis perversa, cuyo diagnóstico tiene mal pronóstico Al cabo de no mucho tiempo el sordo que no quiere oír se mete en un túnel que empeora progresivamente. El tratamiento de choque apunta a una dosis contundente de realidad, que suelen aportar la familia o los amigos que son amigos, y, por lo tanto, insobornables, que le tratan como la persona normal que es, con las limitaciones naturales e intelectuales que la caracterizan. El asesor político fetén sabe que lo que ha hecho del candidato el elegido no es lo que hará la mejor versión del político que puede llegar a ser. Para hacer política hay que dejar de hacer campaña. El asesor útil está obligado a hacer algo diferente, innovador, para mantenerse fuera del halo del poder; eso le permitirá ser capaz ver con nitidez e interpretar con precisión las cosas que pasan, de lo que se beneficiará su asesorado. Paradójicamente, antes de lo que el asesor se imagina, el destino de esa objetividad en la visión, comprensión e interpretación de lo que pasa divergirá de la perspectiva de su jefe en el poder, porque este último flaqueará ante la tentación de ver a través del prisma de lo que desea porque le conviene. Los líderes políticos o empresariales solo salen de la ceguera o sordera autoimpuesta, es decir, solo cambian de opinión si antes han cambiado de comportamiento. No hay que olvidar que las personas ajustamos nuestras opiniones más debido a la observación que como resultado de la argumentación. La soberbia causa incapacidad técnica también en política, a las pruebas locales y globales me remito.

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