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Faro de Vigo

No ahorrar detalles

En una de esas comidas en las que de entrada no sabes con quién van a ponerte, y desde una hora antes rezas para que no te toque al lado un imbécil o un pesado, me sentaron con Lois Caeiro, exdirector del diario El Progreso. Tuve muchísima suerte. En un momento dado, nuestra conversación se desvió hacia el último libro que habíamos leído. Lois mencionó Koljós, de Emmanuel Carrère. Tanto le gustó que, por afearle algo, comentó que «hay cosas que a veces no es necesario contar». A mí me pareció que no contar, cuando eres escritor, se vuelve dificilísimo; y a veces gravísimo. Casi se trata de un mal menor. Guste o no, forma parte de la naturaleza del escritor retar la mesura. El propio Carrère tiene a gala admitir que «la presencia de un escritor en la familia, a menos que escriba novelas fantásticas, es una fuente de problemas», una manera de suavizar aquello que sostenía más crudamente el premio Nobel Czeslaw Milosz, al decir que «cuando en una familia nace un escritor, esa familia está acabada».

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