Diario CÓRDOBA
Hay una ruta en Córdoba que lleva al senderista hasta uno de los iconos más reconocibles del paisaje nacional. Apenas hay que alejarse unos metros del rumor del Guadalquivir para empezar a ver cómo el paisaje se transforma. En menos de 10 kilómetros la vega urbana queda atrás y la campiña se abre luminosa, mientras en el horizonte emerge una silueta negra grabada en el imaginario cordobés. Es el Toro de Osborne de la Cuesta del Espino, centinela que corona la ruta y convierte este itinerario lineal en algo más que un simple paseo.
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