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Europa prepara su propio botón rojo: el manual de defensa ante agresiones extranjeras
El Plural

Europa prepara su propio botón rojo: el manual de defensa ante agresiones extranjeras

La guerra de Estados Unidos contra Irán no sólo abre un terreno ignoto en los consensos occidentales proporcionados tras la fractura del mundo en bloques posterior a la II Guerra Mundial. Supone un punto de inflexión intramuros de la Unión Europea, que ahora se presenta ante la diatriba de qué hacer cuando uno de los suyos reclame ayuda militar urgente. Un supuesto que no podría enmarañarse entre la burocracia de Bruselas o, en su defecto, de una OTAN cada vez más entre algodones. La cuestión, hasta hace poco reservada a juristas, diplomáticos o geoestrategas, impacta de lleno en la agenda de los Veintisiete tras el ataque de un dron iraní contra una base británica en territorio de Chipre. Incidente que, el pasado mes de marzo, encendió las alarmas en el territorio Schengen. Con motivo de la cita informal de los jefes de Estado y de Gobierno en Nicosia – precisamente -, las llamas de la duda se han reavivado y han dejado paso a una conclusión de elevado voltaje político. Los Veintisiete han encargado a la Comisión Europea una suerte de manual sobre cómo debería responder la Unión si un Estado miembro invoca el artículo 42.7. Es decir, la cláusula de defensa recogida en los Tratados y, a la postre, el mecanismo que obliga a los socios comunitarios a prestar ayuda y asistencia a un país de la UE víctima de una agresión armada extranjera. El debate no nace, sin embargo, con vistas a una aplicación inmediata tras el incidente del dron iraní, sino que revela un cambio de clima y un toque de atención para abandonar la improvisación cuando la seguridad llame a la puerta. Un artículo sin apenas uso El citado artículo suele definirse como la alternativa europea a la cláusula quinta de la Alianza Atlántica, aunque cabe precisar que ambos mecanismos no son idénticos. De hecho, el de la OTAN descansa sobre la defensa colectiva militar y el clásico paraguas de Estados Unidos. Por el contrario, el de la Unión Europea obliga a los Estados miembros a prestar ayuda, pero deja mayor margen sobre la forma concreta de dicha asistencia, abriendo un abanico de posibilidades que oscila entre la militar, la civil, la logística, la diplomática o, en su defecto, de inteligencia. Hasta la fecha, tan sólo se ha invocado en una ocasión. Lo hizo Francia en 2015, tras sufrir uno de los atentados yihadistas más cruentos que se recuerdan en París. Entonces, el gesto tuvo una enorme carga simbólica, pero también cristalizó las limitaciones del mecanismo. La activación evidenció la inexistencia de una guía clara, un procedimiento automático o arquitectura común suficientemente rodada para canalizar dicha asistencia. Por lo que, con motivo de las turbulencias en el cada vez más demacrado tablero de juego geopolítico, el debate ha regresado a las altas instancias comunitarias. Una década después, los líderes de los Veintisiete quieren corregir dicha indefinición. El presidente de Chipre, Nikos Christodoulides, lo resumió a su llegada a la segunda jornada de la cumbre, conjugando el...

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