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El Virgen del Rocío lleva la salud mental a los vecinos del Polígono Sur: «Aquí el problema es la pobreza, no la etnia» | Collector
El Virgen del Rocío lleva la salud mental a los vecinos del Polígono Sur: «Aquí el problema es la pobreza, no la etnia»
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El Virgen del Rocío lleva la salud mental a los vecinos del Polígono Sur: «Aquí el problema es la pobreza, no la etnia»

La Unidad de Salud Mental del Hospital Universitario Virgen del Rocío y el Comisionado para el Polígono Sur organizaron recientemente unas jornadas en las que buscaban sensibilizar sobre la salud mental en esta zona de la ciudad. Todo parte del consorcio europeo Mentbox, un proyecto coordinado por la EAAD (European Alliance Against Depression), una red europea de referencia en la prevención de la depresión y la conducta suicida que busca acercar las herramientas de salud mental a las comunidades que más lo necesitan, adaptándolas a su realidad cultural y social. Jaime Bretón, Comisionado para el Polígono Sur, señala que «hablar de salud mental en el Polígono Sur es hablar de comunidad, de familia, de apoyo mutuo y de una cultura que ha demostrado históricamente una enorme capacidad de resiliencia ». En este sentido, y huyendo de cualquier tipo de estigma sobre el pueblo gitano, Bretón señala que la idea de este proyecto es poner el foco «no solo en las dificultades, sino también en las fortalezas como son el orgullo, la tradición, la fe y el acompañamiento comunitario». Y es que el Polígono Sur no es diferente a otras zonas de Sevilla o España, como tampoco lo es la salud mental a otros problemas de salud globalizados. «La salud mental probablemente sea uno de los mayores déficit que tenemos ahora mismo en la sanidad en general. Pero yo creo que personalmente no asumimos nuestra responsabilidad de autocuidado, como ocurre con la obesidad, la diabetes, los problemas cardiovasculares, etcétera. Este programa intenta que haya una mejor información respecto al autocuidado en cuestiones mentales», desgrana Javier Peso, coordinador de salud del Comisionado del Polígono Sur. Los factores que influyen en la salud mental de la población gitana no tienen tanto que ver con su etnia, sino con la situación en la que viven, su entorno. O, lo que los profesionales denominan, los determinantes sociales. «Aquí el problema realmente es la pobreza , el contexto de marginalidad en la que viven algunas familias gitanas. Los conflictos interpersonales que hay a veces se agravan precisamente por ese contexto, con personas fuera de la ley o que tienen armas… eso lo complica todo», advierte Javier Peso, conocedor de la zona y que no duda en destacar los aspectos positivos que definen a quienes viven en dicho entorno. «Hay un sentimiento de comunidad muy fuerte. La gente, en general, vive a gusto con su entorno. Su zona de confort es su familia, su gente. Hay gente que a lo mejor podría vivir fuera porque tiene posibilidades económicas y, sin embargo, decide seguir viviendo en el barrio porque de alguna manera se siente protegida por su comunidad», completa. Los problemas que se puedan presentar en materia de salud mental como norma general no tienen por qué afrontarse de la misma manera en una comunidad específica. «No funciona y lo único que conseguimos es más rechazo, más exclusión», advierte José María Estea, investigador del equipo de Salud Mental del Hospital Virgen del Rocío de Sevilla. Entonces, el método para trabajar cambia y debe adaptarse a los modos de afrontamiento que tiene la propia cultura gitana. «Ellos tienen líderes que median entre ellos sin pertenecer a un órgano, tienen sus referentes espirituales y de comunidad. Su principal recurso son referentes de su culto evangélico, a los que les consultan cuestiones comunitarias y de familia. Recurren prioritariamente a estos gitanos de razones , como ellos les llaman», comenta el investigador. Esa es una de las ideas primigenias de este proyecto, formar a los mediadores para que sean esa primera atención a la que acuden. Como en casi todas las culturas y familias, la madre es un pilar superimportante en cuestiones emocionales, «más que los hombres en esta población», a las que suelen trasladarle mayoritariamente los problemas que les generan malestar emocional. Pero si en algo se ampara la población gitana para hacerle frente a todo es su consolidada y cohesionada estructura familiar. «Hemos visto en los hospitales eso que llaman la ' vivencia colectiva ' de la enfermedad. Cuando hay alguien que está malo en su colectivo lo viven como si fuera su hermano o su padre», asevera José María Estea. El mensaje, de nuevo, insiste en que muchos de los problemas de salud mental del Polígono Sur tiene que ver más con el contexto económico y social que con la etnia. «La población gitana tiene más resiliencia a estos aspectos porque históricamente están más acostumbrados a vivir en contextos complejos. Pero ahondaría a que no son problemas mentales que se manifiesten en los gitanos, sino en los que viven en una situación complicada. Un gitano en paro de largo alcance que vive en el Polígono Sur no es lo mismo que un gitano abogado que vive en Triana. La pertenencia étnica no es un determinante, sino que es mucho más determinante el contexto y la historia que tiene», sentencia este investigador del Virgen del Rocío.

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