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Los secretos del Monasterio de Piedra, cuna del chocolate: "El agua lo hacía viable" | Collector
Los secretos del Monasterio de Piedra, cuna del chocolate:
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Los secretos del Monasterio de Piedra, cuna del chocolate: "El agua lo hacía viable"

Más allá de sus imponentes cascadas y su valioso patrimonio natural, el Monasterio de Piedra de Zaragoza guarda una de las historias más dulces de la gastronomía europea. La tradición sitúa entre sus muros una de las primeras elaboraciones de chocolate del continente, un hito que, aunque tiene tintes de leyenda, se ancla en hechos documentados. Según explica el ingeniero y químico Daniel Herrero, creador de 'el Podcast del Agua', el agua no solo fue el elemento que hizo posible la fundación del cenobio, sino también el ingrediente clave en la llegada del cacao a Europa. Para entender la historia del monasterio hay que remontarse al siglo XII, en el marco de la expansión del Císter y la Reconquista. La primera donación del Castillo de Piedra la realizaron Alfonso II de Aragón y su esposa Sancha de Castilla en 1186 a los monjes de Poblet. La comunidad se estableció en 1194 y, a partir de entonces, se inició la construcción del conjunto monástico que se consolidaría a lo largo del siglo XIII. La elección del lugar no fue casual. Como apunta Herrero, "el agua lo hacía viable". La orden cisterciense buscaba la austeridad y la autosuficiencia, y para ello sus monjes se convirtieron en auténticos ingenieros hidráulicos medievales. "Destacaban por su capacidad técnica en la gestión hidráulica, diseñaban sistemas de captación, derivación y almacenamiento de agua", señala el experto. En el caso de Piedra, el río ofrecía un caudal constante que garantizaba el riego de las huertas, la pesca y la energía mecánica para mover los molinos. El impresionante paraje de cascadas y grutas que rodea el monasterio es el resultado de miles de años de interacción entre el agua y la roca. El río Piedra atraviesa un entorno kárstico, donde el agua, ligeramente ácida, disuelve la roca caliza y crea cavidades y saltos de agua. Este proceso natural también da forma a barreras de toba que modifican el cauce y originan nuevas cascadas, como la icónica Cola de Caballo. Esta famosa cascada "no es una obra humana, es una consecuencia natural de la dinámica del río y de la geología del terreno", aclara Daniel Herrero. Los monjes cistercienses convivieron con esta fuerza de la naturaleza, aprovechándola con criterio para sus necesidades sin alterar su curso principal. Como resume el experto, en este enclave "aquí el agua no solo circula, construye paisaje". Siglos más tarde, tras la desamortización de Mendizábal, la familia Montadas transformó el entorno en el parque paisajístico de estilo romántico que conocemos hoy. La leyenda atribuye a un monje del siglo XVI, Jerónimo de Aguilar, la primera elaboración de chocolate en el monasterio tras la llegada del cacao desde América. Aunque Herrero matiza que tiene un "componente legendario", sí está documentado que el cenobio "fue un lugar temprano de preparación de chocolate". En aquella época, el producto no era sólido, sino una bebida que se preparaba mezclando el cacao molido con agua caliente. El agua era, por tanto, un ingrediente esencial en la receta, pero su papel iba más allá. La molienda del cacao requería una gran cantidad de energía mecánica que, en muchos monasterios, procedía de molinos hidráulicos. De este modo, el mismo sistema que sostenía la vida agrícola del cenobio se integraba en la preparación de esta nueva y exótica bebida. La conexión entre el agua, la historia y la cultura del Monasterio de Piedra es una constante en todo su legado. Como concluye Herrero, la moraleja de este viaje al pasado es clara: "en piedra, la historia siempre fluye acompañada del río".

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