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Javier De Haro, psicólogo y educador, habla del miedo al fracaso que paraliza a los niños: "Prefieren no intentarlo a equivocarse y el error es parte del aprendizaje" | Collector
Javier De Haro, psicólogo y educador, habla del miedo al fracaso que paraliza a los niños:
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Javier De Haro, psicólogo y educador, habla del miedo al fracaso que paraliza a los niños: "Prefieren no intentarlo a equivocarse y el error es parte del aprendizaje"

El miedo al fracaso y la autoexigencia se han convertido en piedras en el camino para muchos niños y adolescentes. El psicólogo y educador Javier de Haro, con más de 15 años de experiencia, advierte de una tendencia en aumento: "cada vez vemos más niños que prefieren no intentarlo por no equivocarse, que lo pasan mal cuando creen que no lo van a hacer perfectos". Según el experto, este fenómeno se alimenta de entornos demasiado exigentes, donde lo académico es prioritario, la comparación con los demás es constante y los resultados deben ser inmediatos. A esto se suma la sobreprotección, que impide que los menores aprendan a gestionar el error por sí mismos, ya que "no se pueden equivocar". Para afrontar este problema, De Haro propone el enfoque de la psicóloga Carol Dweck sobre las mentalidades. La mentalidad fija aparece cuando el niño siente que "todo es o bien o mal, o perfecto o no está bien", y se valora únicamente el resultado. Esta visión provoca que el niño evite los retos, se bloquee ante las dificultades y desarrolle un profundo miedo al error. La alternativa es potenciar la mentalidad de crecimiento, que valora más la evolución, el esfuerzo y el trabajo que la calificación final. Este cambio de perspectiva es total para el niño, que pasa a entender que "no es que yo sea malo en esto, es que todavía no me sale". Incluso niños con buenas notas pueden sufrir esta presión, sintiendo que "nunca es suficiente". El papel de los padres es crucial, y no se limita a lo que dicen, sino a lo que hacen. De Haro subraya la importancia de normalizar los fallos propios. "Es algo fundamental que un niño vea cómo tú te equivocas", explica, ya que si un adulto reacciona con frustración ante un pequeño error personal, el mensaje que recibe el niño es que equivocarse es un drama. El psicólogo recomienda cambiar el enfoque del problema a la solución con una pregunta: "¿qué podemos hacer?". Esta simple cuestión ayuda a que el niño cambie el chip y piense en cómo resolver la situación en lugar de angustiarse por lo ocurrido. Se trata de entender que "el error es una parte del proceso" y no una montaña insuperable. También es clave la forma de reforzar sus logros. En lugar de centrarse solo en el resultado, como un dibujo bonito o una buena nota, De Haro sugiere valorar otros factores. Comentarios como "oye, te ha debido llevar mucho tiempo" o "qué creatividad" fomentan aspectos que el niño sí puede controlar y desarrollar, como el esfuerzo y la originalidad. Aunque pueda sonar contradictorio, el experto defiende la importancia de sembrar en los niños "pequeñas frustraciones ajustadas y acompañadas". Es sano y necesario que un niño experimente que no siempre va a ganar o que algo no le va a salir bien a la primera. "Que él se frustre y vea que a veces no va a quedar primero es algo supernecesario y supersano", afirma. Junto a esto, es fundamental que los niños conozcan tanto sus puntos fuertes como los débiles. De Haro introduce "el poder del todavía": no saber hacer algo no es un fracaso, sino una oportunidad de aprender. Asumir que no se es el mejor en todo ayuda a construir una autoestima sana y a entender que la práctica es el camino para mejorar.

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