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El interés por los medicamentos a base de plantas ha crecido de manera exponencial en los últimos años, impulsado por una tendencia social hacia el autocuidado y la búsqueda de soluciones naturales. Sin embargo, este auge viene acompañado de preguntas clave sobre su naturaleza, eficacia y seguridad. Para aclarar estas cuestiones, la farmacéutica Eloísa Molina, titular de la farmacia que lleva su nombre en Ciudad Jardín, explica que estos productos son "medicamentos cuyo principio activo procede de plantas medicinales" y que, a diferencia de un remedio casero, están "estandarizados, dosificados y controlados". Estos medicamentos han superado exigentes controles de calidad y seguridad, y su comercialización en Europa requiere la demostración de un uso seguro y efectivo durante un mínimo de 30 años, de los cuales al menos 15 deben haber sido dentro de la Unión Europea. Esta regulación garantiza que no se trata de una simple infusión, sino de un producto con un uso tradicional reconocido y con un respaldo normativo que avala su fiabilidad para el consumidor. La popularidad de la fitoterapia no es una moda pasajera. Según Molina, responde a una "tendencia clara hacia el autocuidado y hacia lo natural". Las cifras respaldan esta afirmación: en España, 3 de cada 10 personas consumen productos a base de plantas. La principal motivación suele ser la mejora del bienestar general y la búsqueda de "soluciones más suaves para los problemas cotidianos", como las dificultades para dormir mejor, el estrés o los problemas digestivos. Aunque algunos escépticos consideran que la fitoterapia es más tradición que ciencia, la realidad es que ha evolucionado considerablemente. Molina aclara que, si bien parte de un uso tradicional muy antiguo, "hoy en día, va mucho más allá". Muchas plantas han sido objeto de estudios con metodología científica moderna, incluyendo ensayos clínicos, revisiones sistemáticas y evaluaciones por parte de organismos oficiales como el Comité de Medicamentos a Base de Plantas (HMPC) de Europa, que clasifica los productos según la robustez de la evidencia científica disponible. Existen numerosos ejemplos de plantas cuya eficacia está respaldada por la ciencia. La valeriana y la tila alpina son conocidas por su utilidad para combatir el insomnio, mientras que el hipérico o hierba de San Juan se emplea para depresiones leves, aunque siempre "con control profesional porque tiene muchas interacciones". Otros casos de uso bien documentado son el harpagofito para el dolor articular y lumbar o el cardo mariano para facilitar las digestiones. Estos, y muchos otros, cuentan con estudios que validan su efecto terapéutico. Uno de los mitos más extendidos y peligrosos es la creencia de que "si es natural, esto no hace daño". La farmacéutica es tajante al respecto: "En absoluto, eso es un mito muy extendido y es muy peligroso". Que un producto sea natural no significa que sea inocuo. Los medicamentos a base de plantas que se dispensan en farmacias son seguros porque su dosis y calidad están controladas, pero un uso incorrecto puede acarrear consecuencias. "Pueden producir efectos adversos o interacciones si no se utilizan correctamente", advierte Molina. Un ejemplo claro es el hipérico, que presenta "muchísimas interacciones" con fármacos de uso común como los anticonceptivos, anticoagulantes o antidepresivos. Otro caso es el ginkgo biloba, que "puede aumentar el riesgo de hemorragias si se combina con otros medicamentos". Por ello, se debe tener especial precaución en situaciones como el embarazo, la lactancia, en personas mayores polimedicadas o en pacientes con enfermedades crónicas. La experta también desmonta la idea de que consumir una planta en su forma natural ofrece los mismos beneficios que un medicamento. "La concentración del principio activo que hay en los medicamentos a base de planta es mucho mayor de la que podríamos consumir diariamente", explica. Intentar obtener beneficios cardiovasculares comiendo ajos crudos, por ejemplo, no solo sería ineficaz, sino que "solo conseguiríamos problemas digestivos". En su día a día en el mostrador de la farmacia, Eloísa Molina observa varios errores recurrentes. El más habitual es la "automedicación sin tener un consejo profesional". Le siguen otros como "pensar que lo natural es sinónimo de inocuo, mezclar varios productos naturales pensando que no va a pasar nada y, uno de los más graves, abandonar tratamientos médicos para sustituirlos por complementos naturales". Por eso, insiste en que "lo natural también es activo". También es fundamental distinguir entre un medicamento a base de plantas y un complemento alimenticio. Aunque puedan parecer similares, "no lo son". Un medicamento tiene una indicación terapéutica concreta, una dosis definida y ha pasado un control sanitario. En cambio, un complemento alimenticio "no está destinado a tratar enfermedades, sino a complementar la dieta para conseguir un bienestar". El mensaje final de la experta es claro: "los medicamentos a base de plantas son una herramienta muy útil, eficaz y segura, pero usándolos bien, siempre con criterio y consejo profesional". Ante cualquier duda, la recomendación es acudir a la farmacia para recibir un tratamiento personalizado y, por supuesto, "si los síntomas persisten, consultar con el médico". La clave, concluye, es usar estos productos con cabeza y siempre con el respaldo de un profesional sanitario.
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