Collector
Un guardia civil de Málaga sobre el proceso de regularización de migrantes: “El miedo a ser deportados frena denuncias por racismo” | Collector
Un guardia civil de Málaga sobre el proceso de regularización de migrantes: “El miedo a ser deportados frena denuncias por racismo”
Cope Zaragoza

Un guardia civil de Málaga sobre el proceso de regularización de migrantes: “El miedo a ser deportados frena denuncias por racismo”

El odio siempre ha existido, pero ahora es mucho más visible. Este es el diagnóstico de expertos de la Guardia Civil, que han detectado un notable auge de los delitos de odio en los últimos años, un fenómeno que ha encontrado en las redes sociales su principal catalizador. La hostilidad y la intolerancia han migrado al mundo digital, transformando las pantallas en el nuevo campo de batalla. Para hacer frente a esta creciente amenaza, el Instituto Armado ha puesto en marcha un plan de actuación específico que incluye la creación de los Equipos de Respuesta a los Delitos de Odio (REDO), unidades especializadas en la prevención, investigación y persecución de estos ataques. Una de sus integrantes, cuya identidad se mantiene en el anonimato por seguridad, ha explicado en 'Herrera en COPE Más Málaga', que su labor es ser un "puente de confianza" entre las víctimas y las fuerzas de seguridad. Presentados en 2022, los equipos REDO nacieron con una misión clara: combatir cualquier agresión motivada por prejuicios, ya sea por racismo, xenofobia, LGTBIfobia, discapacidad o creencias religiosas. Estos equipos no solo investigan, sino que también colaboran estrechamente con el "tercer sector", que incluye ONGs y administraciones locales. "Recientemente, casi las denuncias que hemos recibido vienen de la mano de las asociaciones que trabajan codo con codo con migrantes", ha admitido la agente, subrayando la importancia de esta alianza para romper las barreras y estereotipos que algunas víctimas pueden tener hacia la Guardia Civil. El perfil de la víctima de un delito de odio es tan amplio como la sociedad misma: "Puede ser cualquiera", afirma la especialista. No existe un prototipo específico, puede ser desde una persona en situación de vulnerabilidad hasta cualquier ciudadano. Esta realidad desmonta la idea de que solo ciertos colectivos están en el punto de mira. Del mismo modo, el agresor tampoco responde a un único patrón. "Puede ser una persona normal que te cruzas en tu bloque día a día, como alguien que tú vas a una cafetería y estás tomando café junto a él", ha señalado la investigadora, aunque también existen perfiles vinculados a ideologías más extremas. Uno de los mayores obstáculos en la lucha contra los delitos de odio es el miedo de las víctimas en situación administrativa irregular a denunciar. El temor a una posible deportación frena a muchas personas que sufren ataques xenófobos o racistas. Sin embargo, desde la Guardia Civil lanzan un mensaje de tranquilidad y animan a dar el paso. "Deben y pueden ir a denunciar", ha aseverado la agente del equipo REDO. La ley protege a la víctima por encima de su estatus administrativo. "Se antepone primeramente ese tipo de delito ante cualquier situación administrativa irregular, eso queda paralizado y se le da prioridad a proteger a la víctima", ha explicado. La especialista se ha mostrado tajante en los micrófonos de COPE: "Hay que tener muy claro que la seguridad es un derecho humano y no es un privilegio administrativo". Por ello, los equipos REDO no actúan como una oficina de extranjería. "Nosotros no miramos los pasaportes ni somos un filtro. Somos personas que ayudamos a otras personas", ha insistido. El objetivo es que ninguna víctima, independientemente de su situación, se quede sin protección por miedo a las consecuencias administrativas, fomentando un entorno de confianza para que se atrevan a denunciar. El anonimato que ofrecen las plataformas digitales ha provocado que "el delito de odio haya pasado a las pantallas", convirtiéndose en un problema de primer orden. Los discursos de odio y las incitaciones a la violencia proliferan en la red, y la Guardia Civil monitoriza "día a día" cuentas y perfiles sospechosos. Para ello, cuentan con equipos de ciberinteligencia que rastrean las huellas digitales de los agresores. "Ellos se piensan que Internet es un territorio sin ley, como un cheque en blanco donde puedes insultar, humillar y hacer lo que quieras", ha advertido la agente. Sin embargo, esta percepción es errónea. El consejo para las víctimas de ciberodio es claro: "No borren nada, que capturen todas las pantallas, que copien las URLs y el usuario". Pues, tal y como ha incidido la agente, cualquier rastro es fundamental para la investigación. La eficacia de estos métodos se demostró en un caso reciente en el que una chica denunció en su propia cuenta haber sido víctima de un delito de odio. Los agentes la localizaron, la convencieron para denunciar formalmente y lograron identificar al agresor. El caso ya está en manos de la Fiscalía de delitos de odio. Aunque los agresores se esconden tras perfiles falsos y cambian de cuenta constantemente, la impunidad no está garantizada. "La mayoría de las veces sí llegamos a ellos", asegura la investigadora. "Siempre cometen algún fallo, siempre hay algo que les delata, y las huellas digitales quedan ahí". Si bien las condenas no suelen implicar el ingreso en prisión, salvo en casos de pertenencia a una organización criminal, la acción policial consigue frenar la actividad delictiva y llevar a los responsables ante la justicia. La lacra de los delitos de odio también se extiende a los centros escolares y a los más jóvenes. En un entorno donde todos los adolescentes tienen móvil y acceso a WhatsApp, los casos de acoso y humillación por motivos de odio son frecuentes. La agente del equipo REDO considera que, a edades como los 14 o 15 años, los jóvenes "son conscientes de lo que hay", en parte gracias a las charlas y jornadas de concienciación que se imparten en los institutos. Aun así, ha admitido que controlar la actividad de un joven en internet "es muy complicado" y lo califica como un "problema serio" para los padres y para la sociedad en general. La colaboración ciudadana es una pieza clave para atajar este problema. La Guardia Civil dispone de varios canales para que cualquier persona pueda denunciar, incluso de forma anónima. Se puede contactar a través del correo electrónico jI-denunciaodio@guardiacivil.org, el teléfono 062 o la aplicación AlertCops, que cuenta con un botón específico para alertar sobre un delito de odio y enviar la ubicación exacta de la víctima en tiempo real.

Go to News Site