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Gafas inteligentes: de la nueva trampa en los exámenes de la DGT a servir de guía a los ciegos para completar la media maratón de Nueva York | Collector
Gafas inteligentes: de la nueva trampa en los exámenes de la DGT a servir de guía a los ciegos para completar la media maratón de Nueva York
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Gafas inteligentes: de la nueva trampa en los exámenes de la DGT a servir de guía a los ciegos para completar la media maratón de Nueva York

El uso de gafas inteligentes para copiar en el examen del carnet de conducir de la DGT se ha detectado por primera vez en España. El suceso, ocurrido en La Rioja, ha puesto de manifiesto la doble cara de una tecnología que, si bien puede utilizarse para el fraude, también ofrece soluciones revolucionarias para personas con discapacidad. 'La Tarde' ha puesto el foco en este tema con Stella Luna de María, experta en tecnología y CEO de Pentaquark. Las gafas inteligentes tienen la apariencia de unas gafas de pasta convencionales, pero esconden una tecnología avanzada. Según ha explicado Stella Luna, “en la patilla de la pasta, de la gafa, llevan un micrófono y llevan una cámara”. Además, en el cristal se proyecta una imagen superpuesta que añade información a la visión del usuario. Se conectan a Internet mediante Bluetooth o WiFi y cuentan con un sistema operativo propio, similar al de “un teléfono de los que teníamos hace 4 o 5 años, en una gafa”, ha añadido la experta. Esta tecnología permite desde ver películas hasta comunicarse con el exterior, lo que las hace atractivas para cometer fraudes. Sin embargo, su uso prolongado no está exento de riesgos. Luna ha advertido que “los oftalmólogos recomiendan que no las lleves más de un tiempo al día seguido”, ya que puede ser perjudicial para los ojos y el cerebro, y ha aconsejado no utilizarlas más de una hora seguida. En el caso de La Rioja, un hombre utilizó las gafas para captar las preguntas del examen teórico de la DGT y enviarlas a una persona en el exterior, que le dictaba las respuestas a través de un pinganillo. Este tipo de fraude demuestra la “creciente profesionalización de las redes” que facilitan estos engaños. Las sanciones por ser descubierto incluyen la suspensión del examen, una multa y la prohibición de presentarse durante seis meses. Este no es un caso aislado, ya que en enero también fue descubierto un aspirante al MIR en Santiago copiando con un sistema similar. Para evitar estos fraudes, Stella Luna ha sugerido que la solución podría ser tecnológica. En lugar de revisar las gafas de cada alumno, propone controlar las conexiones a redes. “Yo lo haría por las conexiones, por ver a qué redes WiFi hay, a qué se están conectando”, ha afirmado. Otra opción sería el uso de inhibidores de frecuencia, una medida ya aplicada en algunas universidades para bloquear las señales de los teléfonos móviles. Algunos modelos de estas gafas incluso incorporan inteligencia artificial, lo que complica aún más la detección. Como ha señalado Luna, la propia gafa “se comporta como un sistema inteligente que está elaborando una respuesta”, de forma similar a herramientas como ChatGPT o Gemini. A pesar de su uso fraudulento, las gafas inteligentes tienen un gran potencial para el bien. Carlos Márquez ha explicado que funcionan como una “extensión del teléfono móvil”, permitiendo escuchar música, realizar llamadas o grabar vídeos en primera persona con cámaras de hasta 12 megapíxeles. También pueden actuar como un asistente personal que ofrece información sobre el entorno, como identificar la raza de un perro o la historia de un edificio. El ejemplo más inspirador de su uso positivo es el de dos corredores ciegos que lograron completar parte de la media maratón de Nueva York gracias a unas gafas con inteligencia artificial. El dispositivo les indicaba el camino en tiempo real, la posición de los puntos de avituallamiento y los posibles obstáculos. Uno de los corredores pudo incluso realizar un tramo del recorrido sin la ayuda de su guía. “Le decía el ciego a la gafa, o sea, sé mis ojos, y le hacía sus ojos”, ha relatado Pilar García Muñiz sobre esta asombrosa aplicación. El precio de estos dispositivos, según ha indicado Stella Luna, oscila entre los 200 y 400 euros, dependiendo de sus funcionalidades y estética, y ya son comercializados por grandes marcas como Google y Apple. El futuro de esta tecnología parece dirigirse hacia las lentillas inteligentes, que realizarían la misma función pero de una forma completamente indetectable, lo que plantea nuevos y mayores desafíos para el control de fraudes en exámenes.

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