ABC
Dada la proliferación de usurpaciones –analfabetos funcionales convertidos en políticos o personajes públicos que se autoperciben como intelectuales–, el lenguaje languidece en poso y acaba en horrura del sentido común. El fenómeno, sin embargo, es más antiguo de lo que pensamos. En su novela 'Los posesos' –también traducida como 'Los demonios'– Fiódor Dostoyevski retrata los movimientos revolucionarios de la Rusia de su tiempo a través del prisma del lenguaje. Sus personajes –un grupo de líderes y conspiradores de una ciudad de provincias– hablan mucho, pero rara vez se entienden. Sus conversaciones están llenas de interrupciones y frases inconclusas. El malentendido no es un detalle: es el motor de la tragedia. La confusión verbal de la que echa mano el ruso... Ver Más
Go to News Site