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'El mundo está fatal de los nervios': veinte años de un disco que sigue latiendo en el presente | Collector
'El mundo está fatal de los nervios': veinte años de un disco que sigue latiendo en el presente
CORDÓPOLIS

'El mundo está fatal de los nervios': veinte años de un disco que sigue latiendo en el presente

Dos décadas después, Mario Díaz y Los Aslándticos revisitan un disco clave cuyo pulso social y mestizo sigue retratando el presente con sorprendente vigencia Hay discos que capturan un momento concreto y otros que, casi sin quererlo, acaban explicando épocas enteras. El mundo está fatal de los nervios , publicado en 2005 por un grupo cordobés entonces desconocido llamado Los Aslándticos, pertenece a esta segunda categoría. Lo que comenzó como un proyecto colectivo entre siete amigos, impulsado por la inquietud creativa y una forma de entender la música sin etiquetas, terminó convertido en una obra de referencia dentro del mestizaje sonoro español de principios de siglo. Aquello fue un pequeño milagro en una época en la que aún no existían las plataformas y en la que lo que ocurría fuera de Madrid o Barcelona rara vez tenía impacto mediático. Especialmente dentro de un género, el del mestizaje, que a principios de siglo -a rebufo del éxito de Manu Chao- consiguió colarse en la radio gracias a Macaco, pero que vivía casi siempre debajo del radar mayoritario, pese al éxito y la vigencia de propuestas como Amparanoia, Ojos de Brujo, Muchachito o Dusminguet, entre otros. En ese contexto, en 2005, Los Aslándticos lanzan al mundo su primer disco desde el sello independiente Disparate Records (al frente del cual estaba el rey midas del pop cordobés, el productor Queco). Fue un lanzamiento humilde que, sin embargo, dio un giro inesperado cuando Sony BMG decidió reeditarlo tras el impacto de varios de sus temas en la banda sonora de ¿Por qué se frotan las patitas? , la película de Álvaro Begines. Aquella exposición amplificó un fenómeno que ya venía gestándose: canciones que hablaban de lo cotidiano, de lo social, de lo urgente, envueltas en una mezcla de reggae, flamenco y funk que conectaba con un público amplio y diverso, que las coreaban en los conciertos y en los bares. Un cantante en casa de sus padres Aunque el espíritu del disco era profundamente coral, muchas de sus letras nacieron de la mirada y la pluma del cantante y compositor Mario Díaz. Y lo hicieron en un contexto muy concreto: era un treintañeros que estaba todavía viviendo en casa de sus padres. Lo ha estado contando este año el propio cantante, que ha querido recordar, desde sus redes sociales, cómo, en un entorno íntimo y casi doméstico, fueron tomando forma historias que acabarían coreándose en salas y festivales de todo el país. Esa dualidad —lo pequeño y lo colectivo, lo íntimo y lo público— es una de las claves que explican la fuerza del álbum, que sigue vivo tanto en sus conciertos como en los del grupo que abandonó. Porque, aunque la salida de Díaz en 2009, en pleno auge del grupo, marcó un antes y un después, lejos de diluirse, Los Aslándticos encontraron una nueva identidad. Los coristas pasaron a ocupar el centro creativo, con figuras como Bueno Rodríguez asumiendo un papel protagonista. Así se consolidó definitivamente un grupo (un trío, en realidad), que ha continuado su trayectoria con éxito sostenido, giras y presencia en festivales, manteniendo siempre ese sello de mestizaje alegre y compromiso social. Un disco en directo desde una ermita Ahora, 21 años después, retorno al principio, desde dos miradas complementarias. Por un lado, Mario Díaz regresa al origen con El mundo sigue fatal de los nervios , un proyecto que apuesta por la desnudez sonora: guitarra, voz y directo. Grabado el pasado 21 de marzo en la Ermita del Santo, en Madrid, el trabajo recupera el espíritu inicial de aquellas canciones, pero también incorpora nuevas composiciones que dialogan con el presente. No es solo una revisión, sino una relectura de algunos de sus primeros temas, que ha comenzado a desvelar esta misma semana en su perfil de Youtube. En este nuevo formato, temas como Dime que lo deje adquieren una dimensión distinta. La canción, que narra la lucha de una persona por abandonar la heroína, ha crecido con el tiempo hasta convertirse en una de las más coreadas de su repertorio. Díaz reconoce que siempre confió en su fuerza, pero ha sido el público quien la ha elevado a esa categoría de himno. Algo similar ocurre con Del sur para el norte , inspirada en la llegada de pateras a España, o con la propia El mundo está fatal de los nervios , escrita en el contexto previo a la invasión de Irak por parte de Estados Unidos. Escucharlas hoy provocan una sensación inquietante: podrían haber sido escritas ayer. Esa persistencia de los conflictos —las migraciones, las tensiones internacionales, las crisis sociales— refuerza la idea que vertebra todo el proyecto: el mundo no ha cambiado tanto como cabría esperar. Reafirmación de la identidad aslándtica En paralelo, Los Aslándticos celebran también este aniversario con 20 Años Fatal de los Nervios, un nuevo trabajo de estudio, lanzado este viernes en las plataformas, y que también combina revisiones de sus temas más emblemáticos con canciones inéditas. La banda de Bueno Rodríguez, Alberto Invernón y Jorge Carmona defiende que, por encima de la nostalgia, el disco funciona como una reafirmación de identidad: por esa apuesta vigente por el mestizaje sonoro que los definió desde sus inicios. Un mestizaje hecho desde Andalucía. De ahí que, uno de los primeros singles haya sido precisamente la nueva versión de Que trata de Andalucía , una de las canciones que escribió Mario Díaz y que, en estos 20 años, se ha convertido en un himno, incluso para los nuevos movimientos neoandalucistas que eran unos niños cuando Los Aslándticos comenzaban a dar sus primeros pasos. También recuperan aquel De momento que lanzaron junto a Tomasito, el tema que abría el disco de 2005 -cuyo autor era Queco-, y que decía aquello de que la vida pasa de momento . Dos décadas pueden haber pasado como un suspiro. Y tienen razón Los Aslándticos y Mario Díaz al decir, cada uno desde su altavoz, que el mundo sigue fatal de los nervios.

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