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El respingo | Collector
El respingo
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El respingo

Recojo los diarios al alba y me dirijo a hacer la caminata de rigor a un agradable bulevar sumergido en una arboleda frondosa. Primero hay que dejar el coche. El hueco lo encuentro ante la entrada a una urba. Se trata casualmente de Les Naus y me da un respingo porque hasta entonces no había ido a parar ahí. Saco una foto claro está. Es la mañana en que sale a la luz que la jueza ha imputado a quince almas benditas, entre ellas diez dueños de pisos. Alrededor de los bloques que componen el oscuro objeto de deseo apenas se palpa movimiento ni de entrada ni de salida. Un simple vistazo a las fachadas muestra un perfil con mayoría absoluta de persianas echadas. Los que accedieron a las viviendas por la senda correcta son los segundos en estar jodidos tras aquellos otros que fueron desplazados por los listos de la clase.

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