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Corren de nuevo tiempos de guerra, siempre malos para la ciudad. En este contexto veamos hoy la relación entre la ciudad y la guerra. Remontémonos a la ciudad medieval, aquella que por sucesivas transformaciones ha dado lugar a nuestras actuales urbes. Este modelo de ciudad nació como un reducto amurallado dentro del cual la seguridad era una preocupación. Los habitantes de estos nuevos burgos se guarecían en el interior de sus murallas, poniéndose a salvo tanto de bandoleros como de algunos señores. También se refugiaban de la naturaleza agresiva, creando un nuevo paisaje totalmente artificial. Estas nuevas realidades urbanas quedan recogidas por Henri Pirenne en un librito sobre las ciudades en la Edad Media, de magnífica factura. Dice Pirenne que el primer elemento de la ciudad fue su muralla. Los gastos de conservación de la muralla y la creación de grupos de señores y burgueses que la defendieran fueron uno de los primeros actos cívicos de las nuevas comunidades urbanas. La ciudad fue configurándose a través de un consejo urbano que pronto creó la policía, un grupo armado que velaba por la seguridad de la ciudad.
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