La Opinión de Murcia
Es difícil encontrar una explicación a por qué la vivienda en España siempre se constituye en un problema aparentemente irresoluble que acaba estallando en las narices de todos, preferentemente en las de los ciudadanos menos pudientes y en las del Gobierno de turno. El famoso artículo 47 con el que la Constitución inamovible la consagra parece convertirse periódicamente en papel mojado. Como, por cierto, también lo parecen otros apartados perennemente como el que establece la aconfesionalidad del Estado.
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