Diario CÓRDOBA
La cita bíblica «Alzad la mirada» (Juan 4,35) es el lema de la visita del papa León XIV a España, del 6 al 12 de junio, y el logo es una composición de figuras humanas, que coloca una silueta de la Virgen en el centro, guiando la mirada de todos hacia el cielo. Esta composición expresa comunidad, encuentro y apoyo mutuo: «No se trata sólo de estar juntos, sino de avanzar juntos hacia una meta común». María, situada en el centro, actúa como corazón del movimiento; es una presencia materna que acoge y orienta las miradas hacia Dios, signo de unidad y esperanza para todo el pueblo. El lema elegido, «Alzad la mirada», es una invitación a ver más allá de las preocupaciones cotidianas para descubrir la presencia de Dios y abrirse a los demás. Es una llamada a la esperanza y a la contemplación, que anima a salir de uno mismo y redescubrir la unidad, la belleza y la caridad como signos concretos de una vida compartida. En este gesto de «alzar la mirada» se expresa también la actitud con la que la Iglesia en España acoge la visita del Santo Padre con el corazón abierto y dispuesto a caminar juntos. En este ambiente de preparación de la visita del Papa a España, nos llega hoy el domingo del Buen Pastor, en el que celebramos también la Jornada por las Vocaciones. Las dos comparaciones del Evangelio que hoy se proclama en las eucaristías son de una intensidad impresionante para expresar el amor con el que Jesús se describe como el Pastor y como la Puerta. No es un Pastor cualquiera. Es un Pastor que conoce a las ovejas por su nombre, que las hace entrar y salir, que camina delante de ellas. El cuidado que tiene Jesús con nosotros es insuperable. Al mismo tiempo, también es la Puerta. Quien entra por esa Puerta está a salvo de ladrones y salteadores. Me impactó siempre la reflexión que el papa Francisco hacía a los cristianos, a propósito de este evangelio: «Yo os pido por favor que importunéis a los pastores, que los molestéis, que nos molestéis a todos para que os alimentemos con la gracia y la doctrina y os mostremos el camino. ¡Importunadnos! Pensad en esa imagen del ternero que importuna a su madre para que le dé de comer». Y me sigue impactando aquella frase que pronunciara el cardenal Tarancón, en una conferencia a los sacerdotes cordobeses, en la década de los 70, cuando el entonces párroco de la parroquia de san Miguel, Luis Chumillas, le preguntara sobre la principal crisis de la Iglesia, en aquellos momentos. El cardenal no pareció dudar ni un instante su respuesta: «Pues, mire, la crisis principal es una crisis de pastores». Si extendemos los ámbitos de estas palabras, quizá nos encontremos hoy también con la falta de grandes y buenos dirigentes en instituciones y organizaciones políticas y sociales. El psiquiatra Enrique Rojas, en su libro, ‘La ilusión de vivir’, afirma que el hombre y la mujer de esta hora padecen tres graves problemas: «Desorientación, angustia, soledad». Será, por tanto, necesaria la voz de los buenos pastores la que ofrezca luz y formación, ideas claras y criterios verdaderos, para orientarles; será necesario el aliento de los buenos pastores para calmar su angustia ante tantas heridas; y será necesaria la presencia y el acompañamiento de los buenos pastores la que haga desaparecer la terrible soledad del desamor o del abandono.
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