La Opinión de Málaga
El intercambio de dardos envenenados entre el Papa y Trump, el primero con «un grupo de tiranos que están manipulando el mundo», y el segundo con los calificativos de «débil» y «terrible» lanzados a León XIV, no es más que un rifirrafe de comandantes internacionales de almas y ejércitos en este tiempo de fuego que nos toca vivir. Después, Robert Francis reculó y dijo aquello de «no me interesa debatir», aunque lo disimulara, con el hombre de Queens. Uno arrastra la pesada cruz de la pederastia de no se sabe cuántos infames del orbe, el otro huye a la carrera del demonio de Epstein con el que jugaba a las cartas.
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