El Periódico Extremadura
La toma de posesión de María Guardiola el pasado viernes en el Anfiteatro Romano de Mérida añadió una carga simbólica evidente a una investidura que, en realidad, ya venía cargada de significado político. El monumento emeritense, escenario histórico de espectáculos y hoy también de grandes citas cívicas y religiosas, acogía por primera vez un acto de esta naturaleza. No es un detalle menor. El espacio elegido habla de solemnidad, de centralidad institucional y de la voluntad de envolver esa investidura en una nueva etapa política en Extremadura.
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