Cope Zaragoza
La tradición teatral en Málaga tiene una historia tan rica como desconocida, con raíces que se hunden hasta el siglo I a.C.. El historiador y presidente de la Asociación Cultural Zegrí, Salvador Jiménez, ha realizado un recorrido por los escenarios que marcaron la vida cultural de la ciudad, desde los primeros corrales de comedia hasta los grandes coliseos del siglo XIX, muchos de los cuales desaparecieron o se transformaron con la llegada del cine. El primer gran hito fue el Teatro Romano, pero tras un retroceso en la Edad Media, la actividad resurgió en el Renacimiento con los autos sacramentales en la Catedral de Málaga. Sin embargo, fue en el Siglo de Oro cuando surgieron las casas de comedia, como la Casa de Comedias Vieja en la actual calle de la Bolsa, cuyas obras recaudaban fondos para el Hospital de la Caridad, y la Casa de Comedias Nuevas en la zona de calle Strachan. El concepto moderno de teatro llegó a Málaga el 12 de noviembre de 1793 con la inauguración del Teatro Principal, ubicado en la hoy llamada Plaza del Teatro. Diseñado por el arquitecto italiano Vincencio Massonevski, este coliseo de estilo neoclásico fue descrito en la época como un edificio de apariencia preciosa y enorme amplitud que se convirtió en el epicentro de la vida social. Con el cambio de siglo, el Teatro Principal tuvo que adaptarse a los nuevos tiempos. En 1916 cambió su nombre a Cinema Concert para acoger el cine mudo, la nueva moda que arrasaba. En este espacio se proyectó en 1928 la película 'Valencia', que contiene un tesoro histórico: según Jiménez, "Málaga es el único archivo gráfico que se conserva de las procesiones anteriores a ser quemadas en el año 31", un documento de valor incalculable para la ciudad. El 25 de abril de 1869 comenzó la construcción del que hoy es el buque insignia de la cultura malagueña: el Teatro Cervantes. Erigido sobre el solar del incendiado Teatro Príncipe Alfonso, fue diseñado por Jerónimo Cuervo para satisfacer a la burguesía del siglo XIX. Su interior destaca por la techumbre, obra de Bernardo Ferrandiz con la colaboración del paisajista Antonio Muñoz Degrain, y su majestuoso telón de boca, hoy restaurado gracias a la Fundación Málaga. Al igual que otros teatros, el Cervantes también se rindió al séptimo arte durante años, cerrando con la película El agua azul, hasta que el Ayuntamiento de Málaga lo adquirió a los hermanos Sánchez Ramade. Su restauración en 1987, impulsada por el entonces alcalde Pedro Aparicio, lo devolvió a la ciudad como un espacio principalmente dedicado a actividades musicales y grandes espectáculos. Málaga también contó con teatros más modestos pero muy populares, como el Teatro Vital Aza, una construcción efímera de madera y lona que ofrecía zarzuela, circo y flamenco. Otro coloso fue el Teatro Lara, en el Hoyo de Espartero, famoso por sus espectáculos ecuestres y por las denuncias que acumuló debido a la falta de medidas higiénicas de sus letrinas. Uno de los proyectos más singulares fue el Teatro Palacio de Cristal, ubicado primero donde hoy se encuentra el Teatro del Soho y trasladado después a la calle Córdoba. Rebautizado como Teatro Salón Olimpia, fue el primer intento de parque de atracciones en Málaga, un espacio polivalente donde "todo valía", desde ópera y zarzuela hasta combates de boxeo. Pese a este esplendoroso pasado, el historiador Salvador Jiménez lamenta la situación actual. Considera que el Teatro Cervantes se ha quedado pequeño para una ciudad como Málaga y echa en falta más espacios culturales. "Málaga está necesitada de este tipo de equipamiento, porque es algo intrínseco en la historia de la ciudad", afirma, en referencia al largamente prometido auditorio que no termina de llegar.
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