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Una grada enardecida acompaña a Daniel Mérida en su paso por la capital. Sus partidos carecen del recogimiento habitual del tenis, que parece rendirse al calor de una afición dispuesta a dejarse la voz por un deportista que, con su juego, ha sabido levantar pasiones olvidadas. No es poco lo que se anima a los demás nacionales , pero solo con este español la paciencia del público parece pender de un hilo. Daba el madrileño las gracias al público al término de su partido contra el francés Corentin Moutet, al que derrotaba por (6-3 y 6-4) no sin tener que luchar primero. «Han sido un apoyo todo el partido», decía ante las cámaras de televisión, interrumpido por los gritos eufóricos de quienes no se marchaban de la Pista 3 del Mutua Madrid Open. Esperaban, niños en su mayoría, a que el ganador firmase camisetas y pelotas. Decía también que, este sábado, la victoria era de todos. «En el último juego que parecía que no podía más me he apoyado en ellos, les he oído animar y he luchado hasta la última bola». Y se repetían los aplausos. Quizá tenga que ver la Pista 3, por su atmósfera particular y la sensación de cercanía que de ella emana, pero Mérida parece haber desatado un fenómeno, haciendo del tenis un espectáculo del que el público ya no es mero espectador. Con el pelo teñido y cierta gallardía, pero sin enmascarar decepciones, genera empatía en una grada que parece dispuesta a levantar al chaval metiendo presión en el rival si lo considera necesario. Si pierde un punto, le ven sufrir y lo hacen con él, gritando mensajes de ánimo, aporreando asientos y coreando un apellido que está a un paso de convertirse en tendencia. Durante su duelo contra el francés, por momentos se presentía una posible repetición de lo sucedido con el argentino Marco Trungelliti, quien terminó por encararse con la grada tras escuchar varios comentarios desafortunados que, a la mañana siguiente, denunció en redes sociales como «bochorno» y «racismo». Tanto en aquel partido como en el de este sábado se cantaba un «viva España» desde la grada, añadiendo entonces «argentino el que no bote». El juez de silla pedía esta vez silencio, como señal de respeto a ambos jugadores. Alzaba sus manos, sin poder ocultar una expresión que desentrañaba cierto asombro, en busca de una paz no conseguida, pues el público no dejaba de clamar al español a cada oportunidad. Hubo también momentos de tensión entre el público y Moutet, a quien abucheaban tras varios saques por abajo que su contrincante no pudo alcanzar, tras lo que empezaron a criticar sus gestos al grito de «tonto». «Sabía que en algún momento del partido él iba a intentar entrar a eso con el público. Ya había hablado con mi equipo, con mi entrenador, entonces me lo esperaba, pero no me ha afectado mucho, porque sabía que iba a pasar, pero creo que lo he sabido gestionar», aseguraba Mérida sobre lo sucedido. El francés, siguiendo la estela de Trungelleti, se ha pronunciado esta mañana en redes sociales, achacando su rendimiento en pista a un virus que varios jugadores tienen, y que provocó la retirada de Iga Swiatek. La 'meridamanía' se desata especialmente en los jóvenes que rondan la edad del tenista, que apenas tiene 21 años, y que son los que más presencia cobran en sus gradas. «La verdad que es una ayuda increíble y tenerlos ahí me motiva a luchar cuando creo que no puedo más», decía el tenista, refiriéndose al público. Pero aunque hay quienes lo apoyan ciegamente, en redes sociales ya se han publicado críticas a la afición que lo encumbra por ausencia de deportividad. Mérida está ahora en el puesto 102 del ranking mundial y, en su victoria contra el francés, ha ganado a un top-30. Teniendo en cuenta los puntos que acaba de sumar en el Mutua Madrid Open, se situaría en el puesto 85. Pero alcanzar estos resultados son los primeros frutos recogidos de un extenso campo labrado. Llegó a su primera final ATP, en Bucarest, jugando la fase previa, con el consiguiente trabajo físico y mental que conlleva. No fue la única ocasión, pues lo mismo sucedió en su primer Master 1.000. Además, entró en los 100 primeros del ranking sin una sola invitación, sin ayuda externa, solo con su juego. Lo que le deparará este torneo en Madrid todavía es un misterio.
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