ABC
Cada mañana busco en sus páginas un impacto que sacuda nuestra anestesiada conciencia, pero solo hallo el retrato de una civilización en descomposición. Mientras en Nigeria se degüella a cristianos por millares ante el silencio cómplice de Occidente, y el estrecho de Ormuz se cierra estrangulando la economía para alimentar el paro y la miseria, nuestros líderes juegan a la vanidad. Resulta llamativo que el presidente Trump pretenda cobrarse la elección del Papa León XIV como si de un favor político se tratase. Pero más vergonzosa es la respuesta de una Europa fragmentada, un club de naciones incapaz de hablar con una sola voz. Mientras el Pontífice denuncia la geopolítica del hambre, los gobiernos europeos se pierden en burocracias y vetos cruzados, dejando que la tiranía y el fanatismo dicten el precio de nuestra supervivencia. ¿Quién ayudará a los que sufren si Europa prefiere su parálisis a la acción? Una Europa dividida es el mejor aliado de quienes usan drones para bendecir la muerte. No podemos permitir que nuestra comodidad sea el sudario de los mártires modernos ni que el cinismo de los despachos sea nuestra única respuesta. Si la voz del Papa se queda sola frente a la soberbia de unos y la división de otros, nos quedaremos en un desierto moral. Es hora de que el ciudadano entienda que la tragedia que hoy ignoramos en Ormuz, Palestina, Nigeria, Ucrania, o África, es, en realidad, el prólogo de nuestra propia caída. Cayetano Peláez del Rosal. Murcia La España de los 50 y 60 no era «triste, gris y miserable». Ese es el estereotipo que se ha divulgado desde el poder, en esta democracia, para degradar la España de Franco. y que los nietos de la generación que hizo la guerra, intensamente adoctrinados, pueden creérselo actualmente. Pero yo soy de la generación de los hijos, tenía 28 años cuando murió Franco y me enteraba perfectamente de cómo eran las cosas. Aquella España era alegre, llena de niños jugando en las plazas de las ciudades, no como ahora que hay que importar subsaharianos y nordsaharianos porque a los jóvenes españoles les es difícil formar una familia, tener acceso a la vivienda y llegar a fin de mes con los sueldos, esos sí de pobreza, que se pagan actualmente. El índice de natalidad de esta España es de 1,1 que no asegura el relevo generacional por eso hay que importar extranjeros. Era alegre porque la mayoría de los españoles mejoró notablemente con respecto a sus inmediatos antecesores. No como ahora que los jóvenes no pueden hacer cosas que sus padres sí pudieron. Las universidades estaban llenas de chicos, la mayor parte de ellos los primeros de su familia que pisaban una facultad. Ahora las universidades son accesibles a más gente, pero la mayoría de los títulos que otorgan no valen para ganarse la vida con alguna holgura, muchos universitarios tienen que emigrar para conseguir unos honorarios decentes. Había censura en el cine, sí, pero era de una ingenuidad patente, la que hay actualmente es mucho más eficaz, todos los 'cineastas' tienen la misma ideología, y el que no responde a ella es automáticamente ninguneado. Frecuentemente las películas que criticaban al régimen exageraban las notas negativas, por ejemplo, en 'Calle Mayor' (1956), la parte rodada en Logroño, mostraba unas zonas de la ciudad deprimidas, el Logroño que aparece en la película ya no era así. Actualmente se ha criticado acerbamente una exposición fotográfica en Madrid que plasmaba la España alegre y dinámica de los años 60, reflejaba la verdad, esta exposición duró poco tiempo y para visitarla se constituían grupos muy pequeños. Yo no pude hacerlo. César Colis Herce. Madrid
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