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Andrea Payán: "Tenía un buen trabajo pero sentía un vacío que nada lograba llenar. La felicidad está en darse a los demás. Vivimos en una burbuja que nos vuelve indiferentes al sufrimiento de los demás" | Collector
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Andrea Payán: "Tenía un buen trabajo pero sentía un vacío que nada lograba llenar. La felicidad está en darse a los demás. Vivimos en una burbuja que nos vuelve indiferentes al sufrimiento de los demás"

La vida de Andrea Payán es el testimonio de una transformación radical, un viaje desde la estabilidad de una carrera de éxito en España hasta la entrega total a los demás en uno de los países más pobres del mundo. En ‘Ecclesia es domingo’, la misionera comboniana ha compartido los detalles de su vocación y su día a día en Chad, una historia que desafía las convenciones y que inspira por su autenticidad y compromiso. Payán, que dejó atrás su profesión como arquitecta para consagrar su vida a la misión, ha explicado cómo encontró un sentido más profundo lejos de la comodidad del primer mundo. “He descubierto que la felicidad no está en tener, sino en darse por completo a los demás”, ha afirmado durante la conversación, resumiendo una filosofía de vida que la ha llevado a trabajar en la periferia de la periferia, donde la esperanza lucha por abrirse paso cada día. Antes de vestir el hábito de misionera comboniana, Andrea Payán tenía una vida que muchos considerarían envidiable. “Tenía un buen trabajo, mi independencia, una vida social activa… pero sentía un vacío que nada lograba llenar”, ha confesado. Esta inquietud interior fue creciendo hasta convertirse en una llamada clara. No fue un proceso de la noche a la mañana, sino un camino de discernimiento que la llevó a replantearse todas sus prioridades y a buscar respuestas más allá de lo material. El punto de inflexión llegó tras un viaje de voluntariado que la puso en contacto directo con la pobreza extrema y, al mismo tiempo, con la alegría y la resiliencia de las comunidades que visitó. Fue entonces cuando conoció la labor de los Misioneros Combonianos, una congregación dedicada a la evangelización en las fronteras más olvidadas del planeta. “Sentí una llamada muy fuerte, una certeza de que ese era mi lugar en el mundo”, ha relatado Payán. La decisión de dejarlo todo no fue fácil, pero la convicción de que seguía un propósito mayor le dio la fuerza para dar el paso definitivo. Su familia y amigos recibieron la noticia con una mezcla de sorpresa y preocupación, pero su determinación era inquebrantable. “Dios me ha regalado una vida apasionante, llena de sentido”, ha asegurado, una frase que encapsula la plenitud que ha encontrado en su nueva vida. Este sentimiento, ha explicado, no proviene de la ausencia de dificultades, sino de la certeza de estar contribuyendo a construir “un mundo un poco más justo y más humano”, siguiendo el carisma de San Daniel Comboni. Actualmente, el hogar de Andrea Payán está en Chad, un país africano marcado por la inestabilidad política, la escasez de recursos y los efectos del cambio climático. Allí, su labor se centra en el acompañamiento a las comunidades locales, con un enfoque especial en la promoción de la mujer y la educación de los jóvenes. “Trabajamos para que las personas sean protagonistas de su propio desarrollo”, ha detallado la misionera. Los proyectos que impulsan buscan generar autonomía y fortalecer el tejido social desde la base. La vida en la misión es exigente y está llena de desafíos. La falta de infraestructuras, el acceso limitado a la sanidad y la inseguridad son constantes en su día a día. Sin embargo, Payán prefiere poner el foco en la riqueza humana que encuentra a su alrededor. “La gente de Chad me ha enseñado el verdadero significado de la resiliencia y la fe. Son ellos los que me evangelizan a mí cada día con su capacidad de celebrar la vida en medio de la precariedad”, ha afirmado conmovida. Uno de los aspectos más gratificantes de su trabajo es ver los frutos del esfuerzo colectivo. Desde la construcción de pozos de agua potable hasta la creación de pequeños talleres de costura para mujeres, cada iniciativa es un paso hacia un futuro mejor. “En medio de la precariedad, la vida se abre paso con una fuerza arrolladora”, ha subrayado. Esta vitalidad es la que la impulsa a seguir adelante, a pesar de los obstáculos y el aparente abandono que sufre la región por parte de la comunidad internacional. Para Andrea Payán, su fe cristiana no es un simple adorno, sino el fundamento de toda su existencia y su labor misionera. “La fe es el motor que lo mueve todo”, ha declarado con rotundidad. Ha explicado que su trabajo no es el de una ONG más, sino que nace de un encuentro personal con Jesucristo que la impulsa a ver su rostro en cada persona que sufre. “No llevamos soluciones mágicas, sino que compartimos la vida y caminamos junto al pueblo, anunciando con nuestras obras el amor de Dios”. En su intervención, también ha lanzado un mensaje directo a la sociedad occidental. “Vivimos en una burbuja de bienestar que a menudo nos vuelve indiferentes ante el sufrimiento de los demás”, ha advertido. Por ello, ha hecho un llamamiento a “despertar la conciencia” y a comprometerse, cada uno desde su lugar, en la construcción de una fraternidad universal. Su testimonio es una prueba de que una vida entregada a los demás es una vida plena y radicalmente feliz, un camino que, aunque exigente, está lleno de una profunda recompensa espiritual.

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