Cope Zaragoza
Cada verano, miles de españoles hacen las maletas rumbo a la costa en busca de descanso, sol y desconexión. Las playas se llenan, los pueblos multiplican su actividad y destinos como Almería se convierten en auténticos focos turísticos. Sin embargo, detrás de esa imagen idílica hay un enorme reto de gestión para los municipios que reciben una avalancha de visitantes en pocas semanas. En zonas especialmente atractivas, como el Parque Natural de Cabo de Gata, la presión turística alcanza niveles muy altos. Localidades que durante el año mantienen una población estable ven cómo en verano se dispara el número de personas, obligando a reforzar servicios y, en algunos casos, a limitar el acceso para evitar el colapso. La concejala de Níjar, María del Mar Calatrava, lo explica con claridad: “En verano llegamos a cuadriplicar la población, y tenemos que limitar el acceso diario porque no entramos todos”, señala. Este municipio almeriense, que durante el año ronda los 34.000 habitantes, recibe más de 120.000 visitantes entre junio y septiembre. La cifra habla por sí sola. En apenas tres meses, Níjar se transforma completamente. “Sabemos que triplicamos y cuadruplicamos nuestra población, y todo eso hay que verlo con previsión”, explica Calatrava, que subraya el trabajo previo que realiza el Ayuntamiento para anticiparse a esta situación. Uno de los principales retos es mantener los servicios básicos funcionando con normalidad. La recogida de residuos, por ejemplo, se multiplica. “En pueblos como San José, Agua Amarga o Las Negras, la recogida se hace dos y tres veces al día”, detalla la concejala. El destino de los residuos no cambia, pero sí su volumen. “Lo que hacemos es aumentar la frecuencia del servicio para atender tanto a los hosteleros como a la población”, añade. Todo ello implica reforzar contratos y ampliar recursos humanos. En las playas, la situación es similar. Se realizan contrataciones temporales para tareas como el montaje, limpieza o vigilancia. Además, el municipio cuenta con 63 kilómetros de costa, lo que obliga a desplegar servicios de socorrismo y patrullas itinerantes en zonas sin vigilancia fija. Uno de los aspectos más llamativos de la gestión en Níjar es la limitación de acceso a determinadas playas. Espacios como Mónsul, Genoveses o Cala del Plomo forman parte de un entorno protegido, lo que obliga a controlar la afluencia de visitantes. “Tenemos que limitar el acceso diario porque estamos dentro de un parque natural que queremos preservar”, explica Calatrava. Para ello, se establecen controles y sistemas de transporte alternativo, como autobuses lanzadera, que permiten reducir el impacto ambiental. Además, se habilitan aparcamientos disuasorios para evitar el colapso de los núcleos urbanos. “Intentamos que la gente deje el coche fuera y disfrute del entorno sin saturar el centro”, señala. La gestión del tráfico es otro de los grandes desafíos. En una provincia con conexiones limitadas, el coche se convierte en el principal medio de transporte. “O bien vienes en coche o las alternativas son bastante complicadas”, reconoce la concejala. Esto obliga a reforzar la planificación del tráfico y a buscar soluciones que faciliten la movilidad sin perjudicar la experiencia del visitante ni la calidad de vida de los residentes. Preparar el verano no es solo cuestión de organización, también de presupuesto. El Ayuntamiento de Níjar destina alrededor de un millón de euros a este operativo estacional. “Para nosotros supone un esfuerzo importante”, admite Calatrava. Aunque el presupuesto municipal ronda los 50 millones de euros, esta inversión es clave para garantizar que todo funcione correctamente durante los meses de mayor afluencia. El caso de Níjar refleja un reto común en muchos destinos turísticos: encontrar el equilibrio entre atraer visitantes y preservar el entorno. La masificación puede generar riqueza, pero también pone en riesgo los recursos naturales y la calidad de los servicios. Por eso, medidas como la limitación de accesos o el refuerzo de infraestructuras se vuelven imprescindibles. “Lo que queremos es que la gente venga, pero de forma ordenada y sostenible”, concluye la concejala. Mientras tanto, el “maratón silencioso” de los municipios turísticos ya está en marcha. Todo preparado para un verano que, como cada año, pondrá a prueba la capacidad de gestión de destinos como Níjar.
Go to News Site